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Pasa pero queda Enero 2, 2008

Posted by Marta in La vida misma.
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Las figuras se fueron haciendo pequeñas en el retrovisor. No dejaban de agitar las manos, resistiéndose a la despedida, pero desaparecieron del reflejo al doblar la primera curva.

 

Llevaba en la ropa impregnado el olor a toallitas, a colonia de bebé, a papilla y a chimenea. En la cara, todos los besos de los niños y de los grandes. En las manos, el tacto de tantas otras manos. En los oídos, conversaciones interminables, risas y canciones y bullicio de críos jugueteando sin descanso.

 

En las retinas, el fuego vivo de la chimenea y las brasas y los rescoldos que quedaban de madrugada y que, al amanecer, aún no se habían apagado.

  

Extraña mezcla: tan diversa, tan rica, tan alegre. Tan reciente y tan difícil de abandonar, adherida al corazón con lazos de un enorme cariño.

  

Pero el tiempo corre. Corre a veces demasiado deprisa y los momentos llegan, pasan. Sin embargo, queda el recuerdo, como poso leve y arraigado. Y así permanece en vilo la esperanza del reencuentro. La ilusión de la próxima visita. La intriga de los nuevos planes.

  

Maravillosa la memoria que, aunque capaz de mantener vivos dolor o pena, conserva intactos los instantes dulces y brillantes, los que impulsan al alma en la cruzada de cada día.

   

  

[Gracias por todo y hasta pronto, mis niñas, mis chicos]