Pequeña Irene Enero 17, 2008
Posted by Marta in Bilbao.trackback
Hace unos meses que doy clase de guitarra a cuatro niñas de primaria. Aún me sorprende -y me desquicia- comprobar cómo puede caber tanta mala educación y tantas faltas de respeto en unos cuerpecillos tan pequeños. Y tantísima estupidez: que si el jaiesculmiusical, la laca de uñas, los peinados, la moda…
Se salva -me salva- Irene. Una niña de diez años. Eso es lo que es: sin aditivos ni colorantes. De tez pálida, cara redonda y ojos oscuros, profundos. Sonrisa amplia, voz aguda y carcajada sonorísima. La melena sujeta por una diadema que hace juego con el uniforme del colegio. Le gusta jugar con sus hermanos, a quecos y a fútbol. Le encantan los pantalones y detesta las faldas pero se las pone los domingos o para ir a ver a su abuela a León, que tiene una casa guayyyyy.
Una niña de diez años, sin doblez.
Cuando toca, se concentra y saca la lengua. Después del esfuerzo, me muestra las puntas de los deditos: las yemas enrojecidas. Se las sopla -ay, ay, ay-. Se desespera: pone los ojos en blanco y gruñe, nopuedonopuedonopuedo, nomesalenomesalenomesale.
Disfuto viendo que disfruta aprendiendo. Por mí, las otras tres horteras pueden hacer vainica, si quieren. Vuelvo satisfecha a casa si Irene ha avanzado un poco más. Y al final, siempre da un paso adelante.
- ¿Por qué no me enseñas la canción de campanario?
- ¿Y cuál es ésa?
- ¿¡No sabes cuál es!? Que sííí, la del campanario. Es que no me la sé pero hay una de un campanario…
Y mientras me explica con vehemencia, trazo en el papel unas líneas que intentan dibujar un campanario. Me quita el bolígrafo de la mano y pintarrajea.
- Sííí, miraaaa: con un nido en la punta y una cigüeeeeeeña
La cigueña parece un concorde y el nido, una bañera.
Y yo sin saber cuál es la canción del campanario.


Nada mejor que los niños de mente limpia, sin trastornar con estupideces pre-fabricadas y muy fáciles. Ahora son raros.
Si saca la lengua es auténtica. Mi hermano lo hacía cuando se concentraba pintando; otro hermano cuando maquinaba algo (y siempre maquina algo: es un científico loco, tan loco que estudia letras); ahora Joana también lo hace. Es síntoma de autenticidad.
Qué bien Irene -que bonito nombre, por cierto- y que bien por la maestra concienzuda.
Espero que ensayéis el PIANISTA y tú, para amenizarnos los actos de dentro de 9 años…
Los 8, 9, 10 años son los mejores. De esa edad tenía yo a los niños de la parroquia el año pasado, y tu Irene me recuerda a cierta María. Sin doblez.
Qué hay que hacer para que me enseñes también?
Me cae bien Irene. Será porque es normal. Quedan tan pocos así…
Ahora crecen demasiado rápido, forzados por todos esos “aditivos y colorantes”. Existen todavía como Irene, ¡qué bueno! Aunque sean pocos, ellos salvarán al mundo, jaja. Saludos!
No será Campana sobre Campana y sobre Campana … Una?
Siento no poder ayudarte con lo de la canción. Mi cultura musical es tan escasa… ¿cuál será? ¿Por qué no la canta?
Qué nombre más bonito tiene Irene.
Pero nos ha engañado a todos. Eres tú la que aprende de ella. Aprovecha para mirar por sus ojos y para tocar por sus deditos. Una canción en mi piano para la gran pequeña Irene.
Aun queda esperanza, no todos los niños de hoy en día estan agilipollados. Llevo leyendo tu blog, casi, desde sus principios, y tu riconcito es un buen lugar para distraerse durante un buen rato. Un saúdo desde Oregon.
Pues yo siempre he creído que quienes saben enseñar y transmitir cosas a los niños, tienen un don.
Un saludo
-> Álvaro… a Irene es fácil. Quiere aprender y que le enseñen cosas -todo, a poder ser-. El don lo tiene ella, es genial.
-> No todos, por suerte, Nalyd. Y muchas gracias.
-> Precioso nombre, Pianista. Es una brujita que transmite tanta alegría… Quizá le cuente lo de tu canción.
-> No se la sabe, Altea. Sólo que habla de una cigüena, de un nido y… un campanario. Lo he intentado todo pero no lo sabe. Lástima. Ya me he quedado con la intriga.
-> ¡¡Jaja, FutBlo!! Lo pensé y me dijo: “Nooooo, que no soy tan tontaaaaa, que ésa ya sé cuál es”.
-> Si fuera por Irene, desde luego que se salvaría, Am. Cada lunes, me ayuda a mirar la semana con mejores ojos.
-> Ya sabes que quedan pocos, Pol. Pero los que hay, valen taaanto…
-> ¡¡Jaja, Ángel!! Lo intento, si quieres. Aunque, no creas, no se me da muy bien…
-> Así es, Juanan: sencilla y transparente. Sin doblez. Y que en eso, no cambie.
-> La maestra concienzuda; eso es, Néstor. Otra cosa, no sé: concienzuda, seguro. E Irene más paciente conmigo que yo con ella.
-> ¿¿A que sí, Mòmo?? Autenticidad absoluta.
-> Ahora son raros. Y tan estupendo dar con ellos… Seguro que tú lo sabes mejor que yo, Javi-profe.
¿Pizarrín? ¡Me chifla la enana! Es más lista que el hambre… y discreta, y niña. Sí, a mí me sigue recordando a una “barriguitas” de las de antes. ¿Será que las niñas -como los amos a sus perros- se parecen a sus muñecas? Las otras seguro que tienes miles de barbies rubias y horteras.
¡Adelante! Por niños así vale la pena. Y aprovecho para recordar que si ahora es difícil encontrarlos es por culpa de los adultos que les rodean. Y de la tele. Los niños son lo que son cuando les dejamos ser así.
(Por cierto, a “a avanzado” se le ha perdido algo… Je!)
Yo me quedo alucinada, cada vez son peores. Suerte que haya muchos entre tantos que se libran y de los que podemos disfrutar.