Años Enero 31, 2008
Posted by Marta in Saco sin fondo.10 comments
El señor de la 118 apenas sale a estirar las piernas por el pasillo porque le parece un incordio arrastrar el carrito con el suero y le incomoda la vía que lleva pinchada en la muñeca. Se queda mirando por la ventana, se fija en los balcones del edificio de enfrente. La mujer que sacude la alfombra, el chico que intenta sacar la bicicleta a la terraza sin golpear las macetas, la jaula del loro.
Si las voces de las enfermeras enmudecen fuera o suenan lo suficientemente lejanas, enciende un pitillo junto a la ventana abierta, convencido de que así nadie podrá notarlo.
Cuando entran las señoras de la limpieza, se arregla la bata y se acomoda en el sillón. Y mientras ellas trabajan, charlan un rato.
- Qué lata estar aquí ¿ verdá ? Pero seguro que usté se recupera pronto; parece muy fuerte.
- Vaya, no se crea. Esto que ve es todo lo que queda después de ochenta y tres años.
- ¿Ochenta y tres? ¿Me está usté diciendo que tiene ochenta y tres años? -le da un codazo a su compañera- ¿Oiches, María? No me lo puedo de creer.
Y sale apresuradamente de la habitación y grita en el corredor:
- ¡Felisa, ven! ¡Veniiid, venid!
Y entran tres mujeres arrastrando las fregonas, con el pelo recogido en un moño, como si fueran tres fotocopias hechas a distinta escala: una gorda, otra alta y excesivamente delgada y la última, baja y menuda.
- Echadle años al caballero, ea. A ver, a ver si certais.
- Setenta y dos -dice una. Setenta y cinco -aventura otra-. Eso como mucho -puntualiza la tercera-.
- Pues no, para que sus entereis: tiene o-chen-ta-y-tres.
Y siguen parloteando en medio de un barullo ininteligible hasta que la auxiliar que trae la comida, aporrea la puerta y calcina con la mirada a las señoras y a sus mochos, que se marchan bajando la voz pero sin parar de hablar.
El hombre se queda solo delante de la bandeja. Levanta las tapas de todos los recipientes, curioseando el menú humeante con pocas ganas. Sopa, pavo y naranja. Remueve el caldo con la cuchara, lo prueba y piensa cuantísimo le revienta comer sin sal.

