jump to navigation

Encargo (II) Febrero 15, 2009

Posted by Marta in Bilbao.
12 comments

 

Una mañana lo leí en un cartel y, a los pocos días, me topé con El Pensador en la Gran Vía. Y unos metros más allá, seis estudios de Los Burgueses de Calais, las almas en pena que van a entregarle al enemigo las llaves de la ciudad.

 

Cuando se lo conté, sabía que habría disfrutado estando aquí para verlo. Y entonces vino el encargo:

 

“Decían que a este escultor le gustaba que la gente hablase con sus esculturas; que las personas que las miraban dialogasen con ellas. Pregúntale de mi parte al Pensador: “¿en qué piensas?”. Sólo así se convertirá en pensador de verdad; porque de nada sirve pensar si no es en diálogo con otros. El pensador solitario es un ser aburrido o un loco… ¿Lo harás? Sí, sé que lo harás”.

 

Juega con ventaja: sabe que lo haré. Hago cualquier cosa que me pide. Y aunque esta disponibilidad tan invariable bien podría parecer peligrosa, no lo es. Porque nunca pide algo que yo no deba o no pueda hacer.

 

pensador-fondo-2

 

Lo veo cada día. Miro, doy una vuelta alrededor. No creo que nadie piense que soy una tarada: hay mucha gente que pasa y ni siquiera levanta la cabeza; otros miran de reojo y algunos que se paran, contemplan y sacan fotos. Pero son siempre personas diferentes. Si alguien se hubiera dado cuenta de que repito el mismo rito a diario sería porque está tan tarado como yo.

 

A veces no dice nada. Simplemente se moja y le parece que el tiempo está loco de atar. Ha conocido el viento sur como nunca antes lo había conocido. Y un temporal rabioso. Ha visto desfilar paraguas, abrigos  y gabardinas; y menos ropa, cuando al mediodía sale el sol que calienta. He leído sentada en el banco de al lado; se estaba bien.

 

Le han puesto junto al palacio foral, bajo la ventana del diputado general. Por eso, alguno dice con sorna: - ¿Cómo se les habrá ocurrido poner aquí al Pensador?  Y otro contesta: -Quizá así se le pegue algo. Pero no se le pega. No.

 

Le gustan los paseantes. Piensa que los que vamos con prisa deberíamos correr menos y mirar más. Se ríe de las señoras que llevan esos perros diminutos, que se enredan con las correas en los arbolitos o en las farolas cuando se persiguen unos a otros. Le encantaría que esta tierra respirara paz en lugar de rencores y odios absurdos. Ha descubierto cómo suenan las gargantas cuando el Athletic gana. Y cuando pierde, porque no suenan. Guarda miles de secretos; ahora también alguno mío.

 

Se lo llevan mañana y quedará en la calle un hueco extrañamente vacío: me acostumbré rápido a su presencia.

 

[ Te lo contaré todo. Muy pronto. ]