Roma, volver Abril 26, 2009
Posted by Marta in Huidas, escapadas y otras cobardías.11 comments
“… La Fontana parece un anfiteatro. El gentío se sienta como el público que espera a que comience el espectáculo. Pero no hay otro espectáculo que la propia fuente. Neptuno. Las criaturas marinas. El agua, el agua, el agua. Y las monedas -¡plin!- que van cayendo al fondo como pequeños plomos.
Hace algún tiempo, los mendigos habían acotado el territorio y se lo repartían para hacerse cada noche con el botín de liras que los turistas lanzaban cada día. Ahora el ayuntamiento tiene su propia patrulla de funcionarios recolectores de monedas. Ay, el afán recaudatorio.
Nos acercamos hasta el borde de la fuente, después de superar varias barreras humanas, recibir pisotones y encajar codazos con cierta elegancia. No puedo evitar el arranque típicamente turista y, de espaldas, con los ojos cerrados, lanzo mi moneda.
Volver, volver, volver (…)”.

“No me gustan los aviones. No es un secreto. Pero me gustan menos cuando me despegan de un lugar del que no me marcharía. Los aviones hacen eso: despegar de la tierra lo que estaba en ella. Y a veces duele. Uno siente que lo arrancan de donde quiere quedarse, de la compañía de alguien a quien no se quiere dejar.
Fiumicino, el anfitrión que da la bienvenida a los que aterrizan en Roma, se convierte en un sitio desagradable a la hora de regresar a casa. En una puerta que sólo se abre hacia fuera. En una mano férrea que empuja al pasajero hacia el embarque y le sienta en una butaca incómoda y estrecha. Y entonces el avión ruge, corre por la pista y se levanta del suelo. Se nota bien adentro un tirón, el que abre una brecha entre la realidad de la partida y el deseo de permanecer (…)”.

[ Roma, cuaderno de viaje ]

