Otros años fue antes pero, en esta ocasión, las condiciones meteorológicas han sido del todo adversas. Hasta el fin de semana pasado.
Después de un partido de palas para entrar en calor, una tropa de tarados declaramos oficialmente inaugurada la temporada de baño y, por tanto, el verano. En el agua, entre las olas, hasta que los dedos se nos quedaron arrugados y los labios, morados. Luego, más palas. Y el lunes, ni catarro ni agujetas. Qué más se puede pedir…
No había olvidado el sabor del Cantábrico pero probarlo de nuevo fue fantástico. La felicidad tiene un alto porcentaje de Cantábrico en su composición. Seguro. Aunque nunca haya tenido la oportunidad de leer el prospecto.
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