Posted by Marta in La vida misma.
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Entró en el despacho con la sonrisa encendida. Hacía mucho que no nos veíamos. Un abrazo largo y estrujadísimo, como siempre, desde que era una cría, sin tener en cuenta la diferencia de tamaño y fuerza.
- Qué bien hueles – dijo.
Me habría quedado un rato más así, como protegida de todo: del timbre del teléfono, de la prisa, de los vencimientos, de la prescripción asesina… Del mundo.
- ¡Qué alegría verte! – Y apretó un poco más.
A pesar de que la mañana era nubosa pareció que el sol había salido en mi oficina.
Recuerdo que fue lo mejor que me pasó aquella semana.
Pis que alegría, si.
Pues sí. Hay abrazos que dan mucha fuerza.
Un abrazo recuperador, como suelen ser los abrazos con la gente que apreciamos.
Ya te achucharé yo fuerte, cuando te conozca, jajaja. Beso
Uich, he de cambiarme el teclado… y los dedos, era “pues” no lo otro, jolines.
Una gran realidad, como mencionaron antes, los abrazos muchas veces son demasiado necesarios.
Hum… Qué reconfortante es un buen abrazo… Qué cosas transmite: que paz, que tranquilidad, que sosiego… Es el lugar donde refugiarse, ¿verdad?
Hablando de abrazos… Puedo sonar raro, pero hay algo que denomino “autoabrazo”: hay que utilizarlo cuando estamos mal, y no queremos compartir ese trago amargo con nadie más, para no amargar a las otras personas.
Probá a ver si te funciona.