Con enchufe marzo 2, 2011
Posted by Marta in Saco sin fondo.8 comments
A quien pueda interesar:
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No me pidió que escribiera una carta de recomendación pero le dije que podía hacerlo. Que quizá me sirviera además para desempolvar la pluma y la libreta. Y, por eso, lo intento sin saber si el resultado será bueno o un auténtico desastre.
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Para evitar esto último, pienso en cuál será el mejor modo de redactar un puñado de líneas en tono positivo, huyendo de lo meramente descriptivo. El ojo ya radiografía con acierto al desconocido con solo mirarle. Si me conformara con eso, bastaría señalar que se trata de un varón caucásico, moreno, diría que mediado en la veintena y más cercano al metro ochenta que al setenta. Delgado pero fuerte y ancho de espalda.
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Sin embargo no me conformo y, si alguien me pidiera referencias, le contaría cosas mucho más interesantes. Por ejemplo, empezaría por lo fácil: que es guapo y simpático. Que tiene una sonrisa preciosa y unos ojos muy brillantes. ¿Suena un poco superficial? No. También tiene una tendencia leve al pesimismo, moderada en momentos de crisis. En lo que a él respecta, por supuesto porque, si se trata de los demás, insuflaría vida a un muerto y ánimo al más alicaído con tal de izarle la moral.
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Licenciado en una de sus pasiones y artista encubierto, se resiste, por una timidez también encubierta, a explotar sus capacidades: máquina de escribir, imaginación al poder, pies en la tierra, sueños de altos vuelos.
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Corazón grande y alma universal. Y eso es más que mucho (y que muchos). Escritor en sentido amplio, lector avanzado, experto en cine (y variantes). Se ha quitado de deportista y de algunas otras aficiones aunque mantiene las capitales: familia, amigos… copas.
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Nacido en la década de la “movida”, lleva en la sangre algo de “popero”. Voluntario omnipresente para apuntarse a un bombardeo, sin importar mucho la naturaleza. De costa y montaña, pueblo y ciudad, es experto en cerveza y amateur vinícola (apuesto a que esto último se le dará tan bien como aquello). Peso medio en el cuadrilátero de la rutina, ágil y rápido en el trabajo y en las respuestas; algo más remolón para saldar antiguas deudas -no hay que preocuparse, no me refiero a las económicas- y, seguro, para levantarse por la mañana.
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La verdad es que se le da bien todo lo que se proponga. Aunque, como cualquiera, unas veces se propone más que otras. Lo obvio: tiene defectos, por supuesto. Pero no estoy escribiendo sobre eso, no es algo que me corresponda contar, compréndanlo. De todos modos, para ser sincera, no sé muchas cosas: no sé si prefiere la pasta o el arroz, ni si canta mal; no sé si le gusta el románico, el gótico o el barroco ni si elige el asiento del metro en función del sentido de la marcha. Creo recordar que no puede con el marisco pero obviemos el dato: nadie es perfecto.
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En fin, lo importante: es un gran tipo. De verdad. De la cabeza a los pies: desde serio -en el mejor de los sentidos- hasta bandarra -en el mejor de los sentidos- pasando por caballero, divertido, elegante, modernillo, currante, un poco quejica, bastante más valiente de lo que piensa y menos egoísta de lo que cree. Y, por cierto, algo… “guay”.
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