Drama en un acto marzo 8, 2011
Posted by Marta in La vida misma.trackback
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Dijo que no. Por enésima vez. Y fue su última palabra.
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Movió enérgicamente la cabeza mientras pronunciaba con decisión el monosílabo. No. Y sin volver a abrir la boca, se quedó inmóvil, los ojos fijos en los de su madre -mirada arrogante- pero conteniendo las lágrimas al borde de los párpados, con los labios apretados y la respiración acelerada.
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Ella rogó un poco más, tratando de acertar, para disuadirle, con las palabras más diplomáticas. Forzó la sonrisa que, cada vez, era más tirante y artificial hasta que se convirtió en una mueca distorsionada. La mantuvo unos segundos pero, al instante, endureció la expresión de su cara y la voz dulce de siempre se tornó grave.
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Su monólogo se fue entorpeciendo mientras disparaba los pocos argumentos razonables que le quedaban en la recámara. Él se mantenía impasible. Después de un silencio incómodo, ella se dio la vuelta para marcharse al tiempo que las manos regordetas de su hijo pequeño golpeaban el canto del plato, catapultándolo al aire, mientras el puré salpicaba hasta el último rincón de la cocina.
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El mejor final posible :)
Yo conozco a uno que lo hizo con un plato de lentajas. No lo tiró. Lo volcó encima del mantel ante la mirada de furia de su padre :)
Oups, me veo un poco reflejado en el pequeño, aunque tenía unos métodos algo más sutiles, con un resultado menos decorativo ;)
¡Genial!
Otro plato y para la cena.
Y con el estucado verde… pues mejor despegarlo, porque luego cuesta una pasta que te lo quiten!!!
Ay, la mili…