Cruzar la calle Septiembre 11, 2009
Posted by Marta in Script-Girl.8 comments
Una mañana me acordé de que tenía pendiente “My blueberry nights” y de que, por la noche, estaría sola en casa, sin alboroto ninguno. También supuse que la película no estaría alquilada en el videoclub y acerté: sé que no fue “comercial” aunque tuvo un par de nominaciones a algún premio; conocía la historia porque leí algo sobre ella cuando la estrenaron en Estados Unidos; me provocó curiosidad. Aquí sólo se exhibió un par de semanas en salas pequeñas de “público alternativo”.
Me gustan Norah Jones y Wong Kar Wai, cada uno en lo suyo. Pero supuse que sería interesante ver los primeros pasos de la cantante en el cine, de la mano de ese director.
Estoy segura de que, esa mañana, me acordé de la película por algunas razones muy concretas. Como, por ejemplo, porque un adiós no siempre significa el fin; a veces es un nuevo comienzo.
Al terminar del día, cuando dejé la oficina, vacía, igual que me la había encontrado y como estuvo en todo momento, salvo las horas que yo pasé en ella, hice un poco de cena, puse la película y fui tomando algunas notas y… alguna cerveza.
Elizabeth decía que, en ocasiones, nos empeñamos en “cruzar por el lado más ancho de la calle”. Y sí, pensé que es cierto. “Por el lado más ancho”, a través del punto más largo posible que une dos extremos. Lo más complicado, lo menos práctico: soy especialista. Como en eso de no tirar por la calle de en medio sino perderme entre callejuelas estrechas que, de tan pequeñas e ignotas, carecen hasta de nombre. Allí por donde no hay línea recta ni trayecto más corto. Definitivamente, suelo cruzar por el lado más ancho de la calle.
Pero en algún momento, la protagonista cae en la cuenta -“me costó casi un año llegar hasta aquí”- de que, “después de todo no fue tan difícil cruzar esa calle” porque “todo depende de quién te espere al otro lado”. Y sí. Todo depende de eso. De manera que, cruzar una calle -da igual por qué lado-, puede llegar a ser también lo más duro a lo que enfrentarse. Según quién espere. O peor aún, si no espera nadie.
Al terminar la película, me quedó una agradable sensación de tranquilidad. La que da saber que alguien ha encontrado lo que buscaba. Y además pensé que me habría gustado poder escribir una de las postales que envía Elizabeth a un amigo mientras viaja buscando lo que al final encuentra:
“Querido Jeremy, estos últimos días me han dado clases para no confiar en la gente, pero por suerte he suspendido. A veces utilizamos a otras personas como un espejo, para que nos definan y nos digan quiénes somos, y cada reflejo hace que me guste un poco más. Elizabeth”.
La diferencia es que yo no se la habría mandado a Jeremy. Y que habría firmado “Marta”.
De historias (y vacaciones) Julio 20, 2009
Posted by Marta in La vida misma.16 comments
Las historias van ocurriendo; muchas veces sin que uno se dé cuenta siquiera. Empiezan, suceden, se entremezclan. A veces, acaban. Pero todas van dejando poso mientras siguen vivas; en ocasiones, un poso triste o amargo pero, en otras, alegre y brillante.
Me encontré con una historia sin querer. Una de las que se convierten en parte del propio tejido del alma, en un trocito inseparable de nuestro ser. De las que, silentes, de tan fuertes, hablan a través de los poros de la piel.
Hago recuento de los protagonistas con los dedos de la mano izquierda. Me salen tres. Uno de ellos es Dios.
Ahora, el recuento de los personajes secundarios con los dedos de la mano derecha. Utilizo los cinco y quizá me vengan bien los dos que me quedaron libres de la otra.
Es curioso cómo van sucediendo los acontecimientos cuando uno no los prevé ni los busca ni los espera. No vale decir ‘no estoy preparado’. La vida no nos suele preguntar si lo estamos para dar el siguiente paso. Supongo que es mejor así porque, si lo hiciera, echaríamos el ancla mil veces. Y vivir fondeado es casi como no vivir: un barco atracado que sólo sube y baja con la marea pero ni se hace a la mar ni navega surcando las olas ni visita otros puertos. Sólo respirar, comer y dormir, como los bebés pero cuando ya no somos bebés sino personas mayores: supuestamente maduros, decididos, responsables de nuestros actos. Aunque conservemos parte del niño que fuimos porque eso no se debe perder nunca.
Ese niño es también parte fundamental de la historia. Sin ella, ni hoy seríamos quienes somos ni estaríamos donde estamos.
PS.- Con esto, hago un breve paréntesis en mis ‘vacaciones off-line’. Pero las necesito, es inevitable: todavía tengo mucho trabajo por delante antes de que llegue agosto y pueda escaparme a descansar de verdad. Las horas, los días y las noches están resultando excesivamente cortos para hacer todo lo que ha de quedar terminado para entonces. Hay demasiadas cosas importantes -en todos los sentidos- que dejar resueltas. Por eso me despido un poco. Hasta pronto, hasta cualquier rato.
Verídico (II) Junio 15, 2009
Posted by Marta in La toga como disfraz.25 comments
Eufemismo (según la RAE): manifestación suave o decorosa de ideas cuya recta y franca expresión sería dura o malsonante.
Problemas de acústica.

Será eso.
En mi vida había escuchado problemas acústicos tan eufemísticamente silenciados.


