jump to navigation

Optimismo marzo 31, 2007

Posted by Marta in La vida misma.
add a comment

Una, que apenas levanta 160 centímetros del suelo, anda casi siempre subida en tacones. Los ratos que bajo a mi verdadero nivel suelen confundirme con una quinceañera. Dicen que dentro de 10 años lo agradeceré; ya se lo contaré entonces…  

El otro día me crucé con Weis por la calle, un pívot de Bilbao Basket. Un crack y un gigante. Lo conté al llegar a casa y mi padre me contestó “Sólo le habrás visto hasta las rodillas ¿no?”.

Verónica supera el “metro-setenta” y, si compartimos paraguas bajo la lluvia, rápidamente se ofrece para llevarlo: creo que no soporta que le golpee la cabeza durante todo el trayecto.

Cuando estaba a la universidad y el día me pedía calzarme unos deportivos, más de uno se me acercaba en clase y mirando de arriba hacia abajo, apuntillaba: “Parece que hoy has encogido…”.  

Ya ven lo que he de aguantar. Pero lo cierto es que no me molesta en absoluto. Por el contrario, me divierte. Y a los demás también; sobre todo si me hago la ofendida porque entonces, tienen más motivos para continuar con el ataque. 

Mi abuela Aurora y mi bisabuela Chun, que fueron pequeñitas toda la vida, solían decir hinchadas de orgullo que “la esencia más pura va en frasco pequeño” y que “una mujer alta resulta mucho más ordinaria”. A mí nunca me convenció esa apología de la mini-mujer pero siempre me hizo gracia, sobre todo si se empeñaban en convencerme de que mi altura era la ideal. 

Es una estupidez que les cuente esto pero es que hace un rato, me ha venido la retahíla a la cabeza. Recién he vuelto de tomar unas cañas. Llevaba puestos unos vaqueros, una camiseta y unas playeras pero no me han pedido el DNI (he brindado tanto por el logro que casi regreso a casa a cuatro patas -es broma-). En cambio, “alguien” me ha sugerido que me pusiera de puntillas para pedir mi cerveza o mejor, que escalara a un taburete.  

Hace poco leí que las personas bajitas son optimistas porque sólo alcanzan a ver, desde su altura, la parte medio llena de la botella y no llegan a la otra mitad… Creo que no es mi caso (lo del optimismo, digo): quizá sea la excepción que confirma la regla. No lo sé pero lo que les aseguro es que a mí la botella me gusta llena-llena. Interprétenlo como quieran.

Breves relatos de amor marzo 30, 2007

Posted by Marta in Script-Girl.
4 comments

Anoche estuve en París pero sólo durante un par de horas. Tardé en regresar a casa apenas quince minutos, los que separan mi portal del cine. Esta vez, no visité los monumentos de la ciudad ni sus museos sino que acudí a contemplar vidas que se entrecruzan por azar, suerte o Providencia y van tejiendo historias, unas tiernas, otras hermosas, otras divertidas y alguna, un poco seca y vacía.

Lo que comprobé una vez más es la innegable realidad de que cada persona necesita querer y sentirse querida casi como el respirar. Amor en el más profundo de sus sentidos aunque, precisamente por su complejidad, no siempre se logre transmitir así a través de la pantalla. 

Había una mujer que tenía consulta en el “tabacólogo” pero se desmaya en la calle y un hombre bueno le ayuda. Me encontré con un matrimonio de mimos que tenía un hijo pequeño, Jean Claude, con una gigantesca mochila. Conocí a una madre que acababa de perder a su hijo y trataba de aferrarse a algo para seguir adelante. Supe que un hombre quería dejar a su mujer en una cafetería a la hora de comer pero que no lo hizo porque supo que ella padecía una leucemia terminal y se entregó a cuidarla en cuerpo y alma mientras siguió con vida. Una pareja obligada a adelantar la luna de miel a su boda, paseaba y discutía por el cementerio parisino; una espectral aparición de Oscar Wilde les frena para no tomar la decisión equivocada. Y ¿saben? Aún quedan vampiros en París. Sí, los descubrí en mitad de la noche en un callejón sin nombre. 

Es “Paris, je t’aime”, un experimento en el que coinciden 18 directores de fama internacional y al que cada uno aporta un corto o un cortísimo para terminar formando una película encantadora.

Como suele ocurrir en estos casos, a cualquier espectador le enamoran unos y le decepcionan otros; quizá se hayan tratado de unir estilos muy diferentes pero la ventaja de entrelazar 18 historias permite olvidar las que aburren o cansan, compensándolas con la ternura, risa, complicidad… de las demás. Inevitablemente, salen ganando los directores que conservan su estilo, que huyen de lo meramente anecdótico y a cambio, reflejan los afectos, los anhelos y esperanzas, las heridas abiertas o las cicatrices, la belleza… Todo lo que va alimentando el amor. 

Cuarón, por ejemplo, nos plantea un curioso travelling con Nick Nolte, descubriendo el divertido y tierno retruécano que encierra, que me arrancó una sonrisa. Los hermanos Coen, tan ácidos y cómicos, muestran un absurdo delirio en la estación de las Tullerías. Catalina Sandino Moreno interpreta la más hermosa y desoladora de las historias con apenas una canción de cuna: “lindas manitas que tengo yo, tan lindas y blanquitas que Dios me dio”. Natalie Portman, alocada novia de un chico ciego, es una aspirante a actriz; él nos cuenta la historia que solamente nos deja tranquilos gracias a un dulce quiebro final. 

Son breves relatos urbanos rematados por la alegría, la pena o la amargura, la separación, los encuentros inesperados, extrañas sinergias… Pero en todos planea el amor y esto me ha hecho recordar esos versos que el otro día escribió Anacó:

    

Es un prodigio:

entre tanta gente,

¡precisamente tú!” 

 

Y podemos resumir con esos tres versos, toda la película. Y toda nuestra vida.

Hoy empezamos… marzo 29, 2007

Posted by Marta in Saco sin fondo.
add a comment

Una lleva tiempo escribiendo pero tiene la costumbre o manía o hábito    -no sé exactamente cómo llamarlo- de terminar por lanzar al “tacho” de la basura -física o virtual- las pocas o muchas líneas que consigue plasmar en un folio o en “Word”. 

Hace unos meses, descubrí el universo de los blogs. Es increíble con la cantidad de cosas con las que uno puede encontrarse. Pero pinchando aquí y allá acabé por comprobar que muchísimos autores están, de una manera u otra, conectados. Algunos hablan de cine, de literatura o de poesía; otros de música; también los hay que discuten sobre maquillaje y moda; sobre deporte… Unos son interesantes, profundos y medianamente serios pero también hay basura destructiva, vacía e insulsa. 

Soy de esas personas a las que le gustan muchas cosas y cuando he dado con varios foros que me prenden, me he visto en un problema: pensaba dedicar unos minutos diarios a la lectura de algún blog y he acabado por darme cuenta de que llevo más de una hora pedaleando de historia en historia. Así las cosas, empecé leyendo un par con asiduidad, me animé a intervenir en otro par… y comprobé que mi papelera corría el riesgo de desbordar. 

Mi amiga “Oyuyú” y algún que otro “colega” vienen insistiéndome para que me haga un hueco en el cyber espacio y me lance a organizar un blog. Lo cierto es que me parece un poco locura porque no me veo capaz de alimentarlo a diario y mucho menos, de que resulte mínimamente interesante y constructivo pero no es menos verdad que cuando empiezo a escribir, muchas veces, lo hago sin ideas, con la cabeza vacía o por el contrario, demasiado llena… y finalmente, termina por salir algo a la luz. Quizá con esto pase igual y es por eso que me animo a dar mis primeros pasos en este lugar. 

Considérenlo su casa, su sala de estar; puede tener las vistas que más les gusten, al mar o a la montaña; el olor que mejores recuerdos les traiga; los sofás más cómodos del mundo y la alfombra más mullida… No sé cómo funciona ni qué contenidos guardará y la verdad es que me da cierto miedo y respeto empezar con esto pero si consigo mantener este espacio con un poco de dignidad, trataré de seguir adelante con un combinado de ilusión, esfuerzo y dedicación y sino, me limitaré a “chapar” el garito con la misma tranquilidad con que lo he abierto.

Preveo una navegación complicada aunque intentaré llevar la nave a buen puerto o al menos, evitar que encalle. No me dejarán sola en esto ¿verdad? Porque no quisiera convertir esta empresa en una excusa para el “auto-bombo”. En realidad, se trata justo de lo contrario. De compartir, de debatir, de opinar, de “escuchar”… 

Lo dicho, hoy empezamos. Bienvenidos a “Ardiendo a un clavo”.

A %d blogueros les gusta esto: