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Semana Santa 2007 (y II) abril 5, 2007

Posted by Marta in Bilbao.
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Con el “nunca te acostarás sin saber una cosa más”, anoche me fui a la cama conociendo una historia nueva -para mí- y hermosa.

Hay una hermandad en Sevilla, la de la Estrella, que tiene una imagen de la Virgen con la advocación de María Santísima de la Estrella pero allí le conocen como “la Valiente”.

Fue la única hermandad, la única imagen, que salió por las calles sevillanas en la Semana Santa de 1932, ya declaradala II República. A su paso, hubo quien le lanzó piedras e incluso le dispararon pero la gente arropó a la Virgen y a los cofrades que pudieron llegar hasta su iglesia.

Años más tarde, las lluvias torrenciales impedían procesionar a las Cofradías y se comentaba en Sevilla que, de salir alguna, ésa sería la Valiente. Y efectivamente, una vez más, la Hermandad de la Estrella se aventuró a caminar por la ciudad bajo un diluvio brutal.  

Ahora que conozco la historia -seguro que no con la exactitud que un sevillano exigiría- pienso en la actitud de los hermanos y me parece una manera brillante de enfrentar la adversidad. ¿Arriesgada? También. Pero envidiable, sin lugar a dudas.

Alguien me dijo que esta hermandad es de Triana, barrio marinero y que, no en vano, trae precisamente ese espíritu intrépido y su arrojo de los marineros, quienes luchan contra cualquier tempestad por más dura, violenta y peligrosa que ésta sea.  ¿No les parece un ejemplo? Se dejaron guiar por su fe, por su credo y sus convicciones en lugar de sentarse y esperar viento a favor de brazos cruzados. Yo echo en falta esa osadía, esa valentía para caminar de frente cada día sin pararme a pensar, estúpidamente, qué dirán los demás o qué es políticamente correcto. Me lo apunto: a ver cuánto me dura el propósito.  

Y trasladándonos casi mil kilómetros hacia el norte, les contaré que el Martes Santo no salió la Piedad por la puerta de San Nicolás. No retumbaron los tambores ni resonaron los clarines de la Merced en el Arenal y el Casco Viejo no vio pasar a María con su Hijo en brazos, recién descendido de la cruz.  La lluvia, para no variar en esta tierra, estuvo cayendo durante todo el día: limpió las calles, alimentó un poco más la riada del Nervión e impidió a las cofradías salir en procesión.  

El aguacero se ha mantenido inflexible hasta hace apenas unas horas de manera que anoche tampoco San Juan se encontró con Nuestra Señora de la Soledad en la Plaza Nueva, al son de la banda dela Vera Cruz, bajo la atenta mirada de mil ojos emocionados por la soledad de María y la compañía de Juan.   Quizá hoy, como es tradición en Jueves Santo, puedan exponer todos los pasos en la calle de la Cruz, ésos que esta tarde, si Dios quiere y la clemencia del tiempo lo permite, subirán hasta Moyúa en la procesión de la Santa Cena.

Se respira quietud en todos los rincones de la ciudad y hace frío. Celebrarán los oficios en las parroquias y tras la procesión -que acabará tarde, si es que empieza- se irá desenrollando la noche que alberga las siete visitas a los monumentos en el Silencio, hasta que despunte el alba y ésta nos acompañe a la Basílica de Begoña, rezando el Vía Crucis.

Mañana viviremos otro Viernes Santo con la mirada puesta en la Cruz, dando gracias a Dios y esperando con alegría contenida el Domingo de Resurrección.

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