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Semana Santa 2007 (y III) abril 7, 2007

Posted by Marta in Bilbao.
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Ya ha terminado la Semana Santa y, una vez más, tengo esta extraña sensación: cuando toca cerrar una etapa de la que he disfrutado tanto, me cuesta animarme a dar el paso de abrir la siguiente y aventurarme al “¡vuelta a empezar!”.

  

Quedan atrás estos ocho días pero convertidos en recuerdos y cuidadosamente archivados en la memoria. Busco cualquier excusa para sacarlos a relucir aunque todavía estén frescos: anécdotas, detalles, instantes… Quizá precisamente por esa cercanía, sean más fuertes las ganas de recuperarlos pero según vaya transcurriendo el tiempo, encontraré el poso sereno de lo que esta Semana Santa me ha dejado en el alma.

  

Las procesiones generales de Jueves y Viernes Santo, el Silencio en el Casco Viejo y el Vía Crucis por las Calzadas se fueron sucediendo con éxito. Hoy esperábamos un día radiante, con la ilusión de recuperar el color del cielo     -azul, azul, azul- después de tantos nubarrones oscuros e incesantes aguaceros. Los chicos del Apóstol Santiago habían preparado a María Santísima de la Esperanza y a Nuestro Padre Jesús del Amor con las andas repletas de flores preciosas para que pasearan por el barrio en espera de la Resurrección.

   

A pesar de que “el hombre del tiempo” había previsto una tarde de sol brillante y temperatura agradable, la ilusión ha dejado paso a su antónimo sin ningún miramiento cuando, media hora antes de empezar, el viento del mar nos ha devuelto las nubes. Con el temor a que descargaran su invariable contenido, las Cofradías han empezado a recorrer las calles según lo previsto pero -aparentes caprichos de la Providencia- no ha tardado en aparecer la lluvia y cada cofrade ha regresado a su sede con un sabor agridulce por esta conclusión tan precipitada y… mojada. Con el ánimo y los hábitos empapados y la alegría resfriada, hemos contemplado atónitos cómo sólo una hora después de suspender la procesión, las nubes se habían vuelto livianas y blancas y reflejaban el naranja-morado-rosa de la puesta de sol detrás de ellas.

    

Así, las últimas luces del día nos han conducido a la Vigilia Pascual en San José y después, el estruendo de la Banda de Cornetas y Tambores dentro de la iglesia ha cerrado la ceremonia mientras, fuera, las campanas giraban como locas anunciando la Resurrección del Señor. Ese momento ruidoso, sublime y emotivo, despide cada año la Semana Santa, siempre breve e intensa, fugaz y maravillosa.

    

Ahora es el momento de celebrar esta fiesta grande pero también de hacer un breve “parón” y recapitular la experiencia que acabamos de vivir sabiendo que hay que recomenzar, cada día. Ser mejores. Pelear por ello. Aunque cueste.

  

Hasta el año que viene, no volveremos a escuchar los ecos de los redobles ni veremos los pasos por las calles ni adivinaremos las altas puntas de los capirotes entre la gente. Esperemos que dure hasta entonces el empuje de esta Semana Santa y que no se empolven los propósitos ni nos anclemos en el recuerdo porque estancarse en el ayer, dificulta exprimir el hoy y caminar hacia mañana y eso es precisamente lo que tenemos que hacer.

  

Como detesto los “adioses”, opto por un “hasta la próxima” con un video de los chicos de la banda, el día que tocaron en la misa anual de conmemoración de la fundación de la Cofradía. Sin duda, les resultará familiar y, aunque la calidad no es muy buena, les aseguro que cada año suenan mejor y en la calle ¡ni les cuento! 

    

  

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