jump to navigation

Alcanzar metas después de los propósitos (¡je!) abril 13, 2007

Posted by Marta in Bilbao.
trackback

Qué gusto da cumplir lo que uno se propone, ¿no les parece? Deja una sensación interior de… No, no piensen en altas miras porque en el caso de anoche, la sensación era -simple y llanamente- de lleno absoluto. ¿La meta? El postre, sí o sí, incluso a costa del primero, del segundo plato… Con esa cuasi-obsesión entre ceja y ceja, cruzamos la puerta del restaurante.

Verán, la parrilla rioplatense estaba vacía cuando llegamos. En las paredes no había cuadros; unos proyectores lanzaban contra ellas imágenes de la ciudad porteña: el barrio de la Boca, el río de la Plata, la Bombonera, el teatro Colón, tango en las calles, el gran obelisco, el mercado de abastos… Las mesas estaban dispuestas al estilo vagón de tren y al fondo, un mostrador permitía ver la parrilla y adivinar la cocina. La iluminación era tenue pero agradable y el espacio, acogedor a pesar de la sobriedad de la decoración. 

Nos sumergimos en la carta, discutimos durante un rato sobre los cortes argentinos pero terminamos haciendo caso de las recomendaciones telefónicas de Elísabeth. Entre ensalada, verduras y parrilla, risas propias y berridos ajenos, los botellines de Quilmes iban cayendo, uno a uno: lentamente pero con decisión.  En otra mesa larga, más al fondo, un hombre de más de cincuenta, se empeñaba en hacer el cerdo ruidosamente. Primero nos pareció accidental pero acto seguido, comprendimos que era a conciencia. ¡Y tanto que a conciencia! ¡Y qué bien le salía! No estaba borracho, lo juro. Pero lo parecía. 

El esperado momento del postre no fue muerte por chocolate. A ésa tuvimos que renunciar hace un año por estas fechas a causa de una indigestión por arroz. Esta vez, para celebrar los 25, pensamos que era mejor elegir muerte por alfajor. Alfajor cordobés (Córdoba, Argentina, que hubo quien pensó en Andalucía). Alfajor santafecino de maicena y dulce de leche y coco rallado. Y también, defunción por panqueques, para rematar -nunca mejor dicho- porque Verónica nos llenó el plato.

Hacía años que no tomaba alfajores; me acuerdo cuando Carol los traía, en la universidad. (¡Elísabeth, apúntate una caja para el equipaje de mayo! =P). ¿Los han probado? Son una pedrada para el estómago pero merecen la pena. Quienes me conocen, adivinarán el resultado de la hazaña: no dormí en toda la noche por el tremendo dolor de panza pero me pareció un justo cambio al regusto del dulce de leche, del chocolate y los panqueques.  Ya ven, nos fuimos contentas a casa. El trío La-La-La logró la gesta por vez primera: llegar al postre. ¿Habrá una segunda?

Anuncios

Comentarios»

No comments yet — be the first.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: