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Boda, clavo y réquiem mayo 6, 2007

Posted by Marta in Saco sin fondo.
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Vimos despuntar el día en el Paseo Pereda, donde todos los veranos mis primos meriendan tortitas con nata. Caminábamos de seis en fondo, riendo sin parar mientras gente variopinta y peculiar pasaba a nuestro lado aunque enseguida caí en la cuenta de que, entre chaqués y vestidos de fiesta, formábamos parte de esa extraña fauna que surcaba sin rumbo fijo las aceras de Santander, tras una larga noche sin haber dormido.

Con el silencio que llena un coche cuando el pasaje va completamente dormido, conducía de vuelta a Pedreña repasando mentalmente todos los momentos del fin de semana. Creo que me hubiera gustado detener el tiempo porque se iba escurriendo a una velocidad endemoniada, que es lo que sucede en los días felices; ojalá pudiera haberlos agarrado entre los brazos con fuerza para obligarles a permanecer un poco más…

La emoción del reencuentro con viejos amigos y del descubrimiento de otros nuevos. La atención fija en la ceremonia de una boda hermosa, lágrimas al borde de muchos ojos con el Ave María de Schubert, alegría contenida dentro del pecho mientras trataba de no perderme ni un solo instante de esa misa. A la salida de la iglesia, la alegría se desparramó con la fuerza de una onda expansiva contagiando a todos hasta la médula.

La novia, espectacular. El sol naranja sobre el mar, con el agua al borde de la carretera. El campo del Club de Golf precioso. Fotos. La mujer de la diadema. Y la de morado. Y la chica del mini-vestido. A la hora de la cena, una mesa divertida. El circo que visitó Haro con el payaso Pepón, Calista la malabarista y el pan-que-habla. Ventana abierta-ventana cerrada. Más fotos. El puro y las copas aunque para alguno, hasta la tercera no fue la vencida. El vals más breve de la historia de las bodas. El baile. Coche lleno hasta los topes dirección Santander a horas intempestivas. Más y más fotos. Una ¿discoteca? Cinco locos escondidos tras un árbol. Un par de hallazgos: unos CD’s “pa’la saca” y, a modo de improvisado souvenir, una placa en honor a un doctor que ahora cuelga en mi habitación (la placa, no el doctor). Como ¿venganza? Julio perdió un gemelo con “pedigree” y las gafas. 

Tengo el corazón contento aunque todavía, el cuerpo agotado suplica más horas de sueño reparador. Siento esa resaca que provocan las ilusiones y la alegría de un día, a la mañana siguiente: ya ha pasado todo y un poco de melancolía va envolviendo y empañando levemente el jolgorio de las horas pasadas. Pero de todas ellas queda mucho más de lo que parece. Recuerdos bonitos cuidadosamente guardados. La felicidad compartida con los novios y entre amigos. Las ganas de volvernos a reunir. El eco de las risas sonoras y sinceras. Las agujetas tras mil horas bailando. Algo de sana nostalgia. Y para siempre, el 5 de mayo marcado en rojo en el calendario porque, a partir de ahora, tenemos un motivo para celebrarlo cada año. Para siempre.

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