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To change or not to change mayo 17, 2007

Posted by Marta in La vida misma.
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Hace poco, “alguien” me mostraba hinchada de orgullo la tarjeta que acompañaba a un enorme ramo de flores; venía a decir “Cachi, te quiero, no cambies nunca”-levemente alterada por cuestiones de anonimato y tal-. Su actitud traslucía una gran ilusión y contento por el regalo y por esas cariñosas palabras de manera que sonreí y le felicité.  

Ya saben -y si lo desconocen, vaya por delante la advertencia- que soy bastante bruta y cuando algo me sorprende o no me termina de cuadrar, suelo expresarlo de sopetón y sin demasiados miramientos. Esta vez, en cambio, me dio “no-sé-qué” pincharle el globo de la felicidad e hice la reflexión del cráneo hacia dentro. ¿¿Como que no cambies nunca??   Esa expresión -el famoso “no cambies”- se emplea convencionalmente en felicitaciones, agradecimientos, homenajes… y aunque pretende honrar al festejado o mostrar lo orgulloso que uno está de otra persona, no es precisamente muy afortunada. Vamos, que es precioso aquello de querer a los demás con todas sus virtudes y defectos de la misma manera que agradecemos infinitamente que nos quieran incondicionalmente a pesar de nuestras miserias pero eso no significa que tengamos que quedarnos de brazos cruzados sin tirar hacia arriba de los otros, sin exigirles que mejoren día a día -idéntico rasero que hemos de aplicarnos a nosotros mismos-. Cada persona tiene la obligación de levantarse todas las mañanas -todas- con el firme propósito de ser mejor: de mantener y fomentar las virtudes y habilidades, de explotar los dones y de superarse en las flaquezas y errores. 

¿¿Como que no cambies nunca?? ¿¿Perdón?? ¡¡Cambia!! ¡¡Todos los días!! Y a más cariño, a más amor, más exigencia: por si alguien lo duda, es una regla directamente proporcional.   Hay otra situación que, sin ser igual, presenta cierto parecido. El archiconocido “yo soy así”. Esta frase salta visceralmente del interior de una persona cuando se le echa en cara un defecto o una metedura de pata. “Yo soy así y si no te gusta, te aguantas”.  

Genial. Una filosofía bárbara que parte de la premisa de que “por mi cara bonita y por mis pistolas, paso sobre el cadáver de cualquiera” sin tener en cuenta ni siquiera unas básicas reglas de educación y buenas maneras. Vamos, entonces para qué hablar de generosidad, de entrega, de caridad, de capacidad de sacrificio… 

¿¿Cómo que me aguanto?? ¡¡No, ni pienso!! Te aguantas tú y te preocupas de meter horas y practicar una sonrisa cuando tienes mal día, ceder en algo que te lleva los demonios, asumir algún “marrón” que no te corresponde, sacar la cara a quien te ha mandado al frente esta mañana… 

En fin, que a cambiar. A renovarnos por dentro. Pero no como en el anuncio de yogures sino de verdad. Reconociendo fallos, agujeros, goteras y miserias. Tapándolos, poco a poco, por supuesto. Y con la ayuda de los demás, claro. Que está demostrado que solos apenas podemos llegar a la vuelta de la esquina.

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