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Grande Milan (anestesia futbolera) mayo 24, 2007

Posted by Marta in Saco sin fondo.
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Cada año que pasa, pienso lo mismo: no creo que puedan volver a hacerlo. Y sí, una copa más. Ya van siete. Son los abuelos del fútbol europeo. Un museo arqueológico. Pero siguen siendo los más grandes.  

¡Qué Milan! El que más trofeos acumula. El que alinea los tesoros más brillantes, los magos más habilidosos… Gatusso, Pirlo, Inzaghi, Cafu, Nesta, Maldini, Kaká, Ambrosini, Seedorf, Jankulowski, Kaladze… Questa squadra es irrepetible. Y de nuevo cantan el “siamo noi…”. Y podré decir cuando esté viejita: “yo los vi…”. 

Pero una vez más pienso: “¿Será la última Champions de este “mi” Milan?”. Ojalá me equivoque y me sigan sorprendiendo una temporada más, como lo han hecho hasta ahora pero… esto no durará para siempre… FORZA MILAN!

Siamo noi 

Hasta pronto mayo 24, 2007

Posted by Marta in Saco sin fondo.
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Hablé con Elísabeth poco antes de que se fueran. Su voz aún me llegaba desde Barcelona pero me sonaba ya lejana, como anticipando el vuelo que en un rato les llevaría de vuelta a la Argentina.

Nunca nos despedimos. Mantenemos una conversación artificiosamente animada, como si no fuera a ocurrir nada, y colgamos igual que cualquier otro día haciéndonos las despegadas. Como dos grandes actrices.

Luego nos duele mucho por dentro pero fingimos que no lo notamos porque dicen que las despedidas ahogan la semilla del retorno y si hay algo que de verdad queremos, desde lo más hondo del corazón, es que la semilla de marras se sienta libre -libérrima- para que el regreso les traiga nuevamente por estos lares cuando le plazca. 

De fondo, entre el ruido de la gente, pude distinguir a la pequeña Sofía, cantarina y alegre tras su chupete. La próxima vez que le vea habrá dejado atrás esa bebé que gatea y caminará. Y dirá algunas palabras. Apenas le queda un mes para cumplir el año y sus ojos, marrones, grandes, brillantes, ya conocen medio mundo. 

Calculé que, en un puñado de horas desde la llamada, las dos estarían sobrevolando el Atlántico y en unas cuantas más, tomando tierra en Buenos Aires para volar de nuevo hacia el norte donde les esperaría Juan, impaciente. Feliz. 

Contrastes. Casi puedo ver a Juan contando los minutos que quedan para recibir a sus dos princesas, ansioso por volver a verlas. Acá, su familia y sus amigos hacemos un esfuerzo por sonreir mientras dejamos escapar un entrecortado “hasta pronto”. Pero ellas tienen medio corazón a cada lado del océano. Ellas son las que se llevan la peor parte.

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