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De la música, la literatura y cuatro escarabajos de Liverpool mayo 29, 2007

Posted by Marta in Jukebox.
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A  mi padre le debo muchísimas cosas en esta vida pero hoy pensaba en la música y en la literatura. Él me ha enseñado a amar, desde chiquita, las notas y las letras pero ni las de todos los músicos ni las de todos los escritores, claro. Porque es imposible, porque me inculcó juicio y criterio y porque, como todo el mundo, él también tiene sus pedales particulares que yo he ido haciendo míos con las correspondientes variaciones a-mi-manera. Así, le debo mi admiración por la ópera: Rossini, Donizzeti, Bellini, Verdi, Mascagni -un día de estos, les hablaré de él- y algo de Wagner; por el rock, por el blues, el soul y el jazz; por los tangos… Mi pasión por las aventuras de Salgari y Stevenson gracias a las cuales me inicié en el mundo de los “libros gordos”; por el grandioso Tolkien; por Unamuno, Sánchez Mazas y su hijo, Sánchez Ferlosio; por Salinger, por Bradbury… Por “Flor de miel” y “Los tres gordinflones”, por “El principito” en una preciosa edición de su 50 aniversario. Por darme a conocer tantos y tantos fueras de serie… 

Pero creo que lo que más le agradezco es que me descubriera a los Beatles. No, no me digan que ya me he referido a la música porque ellos son especiales; como él dice: “deberían estar en los altares” (y su-mujer-mi-madre le propina un codazo en las costillas al escuchar semejante afirmación). Mi abuela contaba que solía encontrar a papá -de chaval- algunas noches, cuando teóricamente se había acostado, sentado en un sofá y a oscuras, escuchando uno tras otro los discos del cuarteto de Liverpool.  

En mi casa hay un plato Marantz bastante viejo que aún funciona y también un montón de vinilos. Recuerdo que, desde pequeña, papá me ponía a los Beatles a pesar de que los discos estaba rayados de tanto escucharlos y hay momentos en los que la aguja se atora en algún surco demasiadas veces surcado. No me pregunten por qué pero, siendo una enana, mi favorito era Harrison, el genio; aún no levantaba un metro del suelo -en realidad, no es una buena referencia, recuerden que ahora tampoco– y ya le tenía en la más alta de las peanas. 

Y a pesar de que las he visto como mil veces, sigo enganchándome a sus películas como si fuera la primera vez: Help!, Yellow Submarine y A hard day’s night. Por sus canciones, sí y porque siempre siempre me hacen reír, aunque me las sepa de memoria.  

Con el tiempo, vamos comprando los CD’s porque el sonido de los vinilos es pésimo aunque tenga el encanto del “fondo de chistorra friéndose” pero hay una espinita que se me queda clavada con este cambio: Abbey Road. Cuando se grabó, tanto la cara A como la B estaban interpretadas sin cortes, todas las canciones enlazadas, del tirón. Sin embargo, el CD tiene las pistas divididas, con el correspondiente parón entre una y otra y aunque es casi lo mismo, no es igual. 

De todas formas, por si alguien no tiene en su “discoteca particular” semejante joya de la música, aquí se la dejo para que enmienden rápidamente esa falta junto con Rubber Soul, otro tesoro.

 

Beatles crossing Abbey RoadRubber Soul

(pinchar para descargar)

Quizá sean los Beatles una de las razones por las cuales Mafalda y yo somos inseparables. Como ella dice: “si la vida es durar, prefiero una canción de los Beatles a un LP de los Boston Pops”.

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