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No respondió junio 4, 2007

Posted by Marta in Letras con nombre propio.
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” (…) y contemplabas el crepúsculo cada vez que querías.

 – Un día vi ponerse el sol cuarenta y tres veces.

Y poco después, agregaste:

– ¿Sabes? … Cuando uno está verdaderamente triste son agradables las puestas de sol…

– ¿Estabas pues verdaderamente triste el día de las cuarenta y tres veces?

El principito no respondió (…) “.

 

(De “El principito”, por A. de Saint-Exupéry)

 

 Desde casa de los abuelos

 

Yo no vivo en un planeta como el de nuestro principito ni puedo contemplar más de una puesta de sol al día (¿¡quién pudiera!?) pero desde este lugar, se ve al sol cada tarde esconderse tras los montes del horizonte, tiñendo el cielo de mil colores y sacando a la ría los reflejos más bellos. Hoy quisiera estar allá viendo atardecer. Lástima no poder. Lástima que el tiempo agüe la semana desde el primer día…

Algunas cosas -sólo algunas- mejor, antes junio 4, 2007

Posted by Marta in La vida misma.
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Hemos celebrado el 57 aniversario de mis abuelos. No me digan que no impresiona. ¡57! A mí me deja con la boca abierta pero me enorgullece y me llena de alegría. Y les miro y les vuelvo a mirar y ahí siguen, al pie del cañón: con sus achaques, cierto pero sin arrepentirse ni un segundo por nada. POR NADA. Es increíble. Repetirían juntos el mismo camino, hacia delante y hacia atrás, cuantas veces fuera necesario. Pasando por lo bueno y por lo malo, sin pensárselo dos veces. POR LO MALO. Por esa vida difícil que han tenido pero tan llena de éxitos. Éxitos por los que no se otorga un Nobel, de los que no se habla, de los que no salen en los periódicos pero que hacen plena una vida y que colman la de otros muchos. Ahora disfrutan de ese retiro tranquilo y feliz que les ha preparado la Providencia… ¡Qué bien se está en sus manos! Y qué pocas veces reparamos en ello…

  

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La abuela se ha operado de cataratas. Tenía ganas desde hace tiempo, sobre todo porque algunos conocidos andaban contándole lo maravilloso que es el después y las diferencias que notan con el antes. Finalmente se ha sacudido los temores y se ha animado a pasar por el quirófano que, total, sólo era media horita y ahora ve tan bien que no pasa ni una: que se ha dado cuenta de las arrugas que le han salido en los últimos años, que hay que ver las manchas que tiene el abuelo en la piel, que menuda grieta ha salido en el pasillo -les juro que lleva ahí unos “pocos” años-, que cuánto se me nota la marquita que me dejó la varicela en la punta de la nariz (y viene a fijarse justo en ESO, tenía que ser en ESO).  

Trasteábamos juntas en la cocina, preparando la comida para un regimiento y mientras, me contaba todo esto y yo le decía:

– Pues qué faena, abuela, operarte para ver únicamente cosas negativas 

Y me contestó:

– No, nena, no, que también me he fijado en algo positivo y muy bueno

Y ya me carcomía la curiosidad:

– ¿Qué era, abuela, qué?

– …

– ¿¡Qué!?

– Vaya, no lo recuerdo

Con sus achaques. Se lo había dicho ¿no?

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