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Fuegos artificiales junio 17, 2007

Posted by Marta in Bilbao.
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Mi perroarbusto estaba guapísimo anoche, con sus flores de colores recién mudadas, brillantes a la luz de las farolas. Vicentico se empeñó en no aprenderse su nombre: “Punchi” le decía todo el rato. Yo le advertía: mira que se va a enfadar contigo y eso que sólo estás de visita. Pero no. Puppy no tenía ganas de reñir con nadie porque había muchos niños jugando a sus pies y mirándole curiosos mientras sonaban los fuegos artificiales desde Botica Vieja. 

Los fuegos artificiales. Hasta la forma de decirlo es bonita. Odio que les llamen “espectáculo pirotécnico”. Les roban el encanto. 

En ambas márgenes de la ría, se apiñaba la gente de buen humor, grandes y pequeños, para ver estallar en el cielo lámparas de colores, palmeras brillantes, luces tintineantes. Se reflejaban en la superficie quieta de la ría que sólo se movía porque algunos barcos, llenos de privilegiados, habían remontado su curso desde el Abra para verlo desde el agua. 

Todo el mundo miraba hacia arriba. Había silencio en las mil bocas que invadían los muelles, silencio que las explosiones con olor a pólvora y el llanto de algunos bebés, rompían en pedazos. Los chiquillos reían por lo bajo nerviosamente, entre divertidos y levemente asustados. 

Me gusta notar el festival de ruido dentro del pecho. Igual que si sonaran mil tambores. Lo siento retumbar dentro de mí, como cuando era chiquita y miraba los cohetes saltar en el cielo: me parecían magia e intentaba comprender cómo pueden llegar a encerrarse tantas formas y colores dentro de un cartucho pequeño y aparentemente, inútil. Un misterio. 

Hay palabras que, mezcladas, dan ganas de reír y le ponen a uno contento. Fuegos artificiales. Colores. Noche. Luz. Chispas. Estruendo. Pólvora. Y al final, aplausos.

   

*Nota: Perroarbusto es un término acuñado por el Pianista. Lo tomo prestado: me gusta. Y al interesado también.

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