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Absurdo julio 9, 2007

Posted by Marta in Saco sin fondo.
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Voy por la calle y me para una viejita encorvada y muy arrugada, pero mucho mucho.

– Nena, perdona ¿La estación de autobuses?

Y yo le empiezo a explicar, así, muy despacito para que entienda porque no, no quiere ni oír hablar del metro y le veo muy atolondrada a la mujer.

De repente, le da un ataque, monta en cólera y se pone a gritarme como una loca: que si le estoy mandando en otra dirección, que si en realidad quiero tomarle el pelo, que ése no es el camino…

Un hombre de traje, perfectamente arreglado con su maletín y todo, me hace señas desde detrás, “qué risa, esa señora está tronada” pero por si acaso, al caballero no se le ocurre venir a lanzarme un capote así que se me pasan por la cabeza un montón de palabras feas que decirle. Pero no, que ya tengo bastante con esforzarme por contener a la viejita o contenerme a mí misma, que si estallo es “más peor”.

Así que la mar de educada: “señora, hasta donde yo sé, en esta ciudad sólo hay una estación de autobuses y se llega por allá; haga usted lo que le dé la gana y buenas tardes tenga usted” (lo último no se lo he dicho pero tampoco le he mandado al carajo que era lo que realmente quería).

Efectivamente y como era de prever, la muy canchera ha cogido la calle a mano izquierda en vez de a la derecha. Pues ella misma: agur, que es usted inaguantable.  

Y ahora ya no sé si es que estaba como una regaderísima o si tengo pinta de despistojar a las viejitas a propósito o si terminaré saliendo en algún canal de televisión, en un programa de cámara oculta. 

Hagan sus apuestas, señores…

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