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Pregunta julio 19, 2007

Posted by Marta in La toga como disfraz.
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El procurador sale del juicio y entra en el ascensor apresuradamente sin quitarse la toga. La rutina: un hola entre dientes y pulsa el botón aunque ya está marcado el piso de destino. Cada uno clava los ojos donde puede: en el suelo, en el reloj, en los números, en unos papeles…  

 

Un instante antes de que se cierren las puertas, una mujer se acerca al trote con un niño pequeño de la mano. Sus piernas cortitas no le permiten llevar el paso de su madre de manera que va casi arrastras. 

 

Una vez dentro, la pobre criatura apenas llega a las rodillas de los extraños acompañantes de viaje y levanta la cabeza, boquiabierto, sin comprender por qué nadie habla y ni siquiera se mira. En el recorrido de la escena, sus ojitos se encuentran con los del procurador que es el único que le sonríe amablemente, el único que viste de manera diferente.

 

El ascensor para, hay un poco de movimiento, unos entran y otros salen y el aparato prosigue su marcha a las alturas. El procurador nota que alguien le tira de la toga. Baja la mirada y es el niño que, con la curiosidad más grande que ha visto nunca, le pregunta muy suave:

  

 

– Oiga, ¿tú puedes volar?

  

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