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Revelador julio 26, 2007

Posted by Marta in La vida misma.
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No lo cuenta. Sólo se le nota. De una manera escandalosa. Pero en algunos ratos, veladamente y en confianza, se le escapan algunas palabras -¿o quizá las deja escapar?- y las muy traviesas, van elaborando un retrato aproximado. 

Tiene gracia: hace mucho tiempo que no le ocurría algo así y cuando alguien le acusa -“¡te gusta!”- sonríe, se sonroja y arruga la nariz.

Revelador. 

Dice que le gusta su voz. Hablar de todo o de nada durante horas pero más aún, escucharle. Y sus ojillos oscuros, especialmente si se ríe porque se cierran, se vuelven mucho más pequeños pero expresivos y alegres. 

Que le baste su compañía o extrañarle en la cercana lejanía que otras veces les separa. Que se bloquee a media conversación, porque su cara desvela la necesidad de escapar pero su voz no acierta con la puerta adecuada.

Le gusta que le lleve la contraria para discutir un poco y terminar propinándose débiles puñetazos mientras se aguanta las ganas de abrazarle fuerte. 

Todo lo bueno que rescata de su interior porque le hace más sincera, más paciente, más indulgente; menos egoísta, menos dura, menos pesimista. Porque le tranquiliza cuando se advierten nubes negras en el horizonte. Porque le sostiene la mirada con suavidad. Porque le ayuda a observar la realidad sin crudeza ni amargura.

A veces, se escandaliza “Y yo tengo tan poco que darle…” y otras, musita de forma casi imperceptible: “Pienso que me estoy…”. Se para.

Le da vértigo la sola posibilidad de pronunciar esa palabra. Tiene miedo incluso a las ilusiones, que son frágiles, que pueden romperse por cualquier cambio en el viento.

Toma aire y repite la retahíla con media sonrisa: “Me gusta…”.

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