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Sister (4U) agosto 9, 2007

Posted by Marta in Bilbao.
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Hoy pasaré el día en Pamplona para despedir a mi hermana que se marcha a Galicia.  Que no se me olvide llevarle: 

– Chuches para 12 horas de viaje en tren -y una pinza para la nariz-

– Una boina a rosca -la que tiene ya no encaja del todo-

– Spray anti-meigas

– Diccionario “galego-castelán” 

– Una tortilla de patata y un bizcocho de chocolate

  

Se lo pasarían estupendamente con mi hermana: dulce, serena, divertidísima. Y tiene una sonrisa pilla -y perfecta- que ilumina su cara y alumbra alrededor. Nos reímos mucho recordando cuando era pequeña, nada que ver con la que es ahora: tenía un carácter podrido     -mal genio, mal humor, mal perder… mala leche-.

Decía los tacos más gordos que he oído en mi vida -así, tan menuda y fina que parecía-. No se comía sus gominolas -sino las de los demás- para que no se le gastaran: las escondía en cajas y las olvidaba encerradas hasta que se quedaban como de piedra. Si yo respiraba fuerte por la noche, me gritaba enfurecida “¡¡que no respireees!!”… Y sepan que, para entonces, ya había mejorado mucho.

Cuando no le apetecía andar, se tiraba al suelo y se agarraba un berrinche de campeonato; cuando no quería ir al colegío, camino de la parada del autobús empezaba a quitarse los zapatos y el jersey… y los tiraba por la calle. Pasó temporadas en las que sólo comía una cosa: o arroz o “petit-suisse”… O polvorones. Si me reía -a su juicio- “fuera de lugar”, quedaba garantizada la gresca.

¡¡Qué peleas, cómo nos zurrábamos!! Eso asegura que los niños están hechos a prueba de cualquier golpe y que lo mejor que le puede pasar a uno de crío es eso: agarrarse a las trompadas con los hermanos y los amigos; garantiza resistencia en el futuro.

Hoy -qué cambios- estudia Medicina y se dedica a otro millón de cosas, por hacer la vida más fácil a los demás. Es increíble lo pendiente que está de los otros. Y siempre con esa sonrisa llenándole la cara… 

Tanta ocupación no le deja tiempo para ser violinista; una pena… Tiene un violín precioso pero recuerdo que, cuando empezó a tocar, tenía uno “chino” -de sonido chirriante- y era terrible: un ruido penetrante que se colaba por cualquier rincón de casa. Yo me metía con ella: “deja de abrasarnos con el serrucho”. ¡¡No saben cómo se ponía!! Pero a mí me entretenía, era mi arma de ataque. Luego, para empezar la carrera con el grado medio terminado, tuvo que hacer dos cursos de violín en uno y simultanearlo con el último año de colegio. Es un fenómeno en constancia, tenacidad y capacidad de trabajo.

Llegó a la universidad dos años después que yo y mis amigos le fueron conociendo poco a poco. Todos se quedaron encantados con ella y cuando les contaba alguna maldad de ésas que decía o hacía de chiquita, me miraban incrédulos: “¡¡Anda ya!! ¿¿Tu hermana?? ¡¡Qué va, eso lo harías tú!! Con lo buena que es…”. 

Traslado la anécdota a mi familia y garantizo la carcajada: “lo buena que ES porque ¡¡menuda fue!!”. Pero eso queda en el recuerdo, para las anécdotas. Hoy, el regalo de tenerle.

HASTA LA VUELTA ;)

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