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Horas intempestivas agosto 14, 2007

Posted by Marta in La vida misma.
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Me llamó ayer por la tarde. Estaba triste. Le conté un par de chistes malos y traté de convencerle de que el próximo fin de semana no queda tan lejos y de que nos veremos enseguida. Nos despedimos. “Llámame antes si necesitas algo. Cualquier cosa, por estúpida que te parezca. Aunque sea a horas intempestivas ¿me lo prometes?”. Respondió que sí. 

Me acosté. Empecé a notar que me dormía cuando, de repente -muy tarde-, sonó el teléfono. Me puse en pie de un bote: alargué la mano, tanteando en la oscuridad y descolgué. 

Era ella. Lloraba. Apenas hablamos. En realidad, no quería hablar conmigo sino saber, nada más, que yo estaba al otro lado. Nos quedamos un buen rato en silencio y yo le escuchaba hipar y respirar a trompicones.

Entre el sueño y el sobresalto, sólo acertaba a decir palabras inconexas. Lo siento. Tranquila. Date tiempo. Voy para allá. Me quedo unos días contigo. Aquí estoy. Tranquila. Aquí. Estoy. 

No sé cuánto tiempo pasamos así. Cruzando frases breves y silencios prolongados. Luego colgamos y me costó dormirme. Esta mañana, con el piloto automático de la rutina, me ha costado recordar que eso ocurrió y que fue precisamente anoche. 

Qué rabia y qué impotencia siento cuando no puedo evitarle una pena a alguien que quiero. Si no puedo hacer nada por ayudar o si no acierto con la forma. Cuando me veo tan idiota, emitiendo sonidos que se juntan traicioneramente y construyen palabras tontas e inoportunas. 

Pero es grande -mucho- que me llamara de madrugada. Sabe que puede hacerlo y no sólo eso: en cuanto lo necesita, levanta el auricular de la misma manera que, cuando está en Bilbao, me toca el timbre del portal. Con la misma sencillez, con la misma calma.

Con la confianza de siempre. Intacta. Y eso alegra y enorgullece.

He calculado a qué hora salía de trabajar. Esta vez, le he telefoneado yo.

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