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Una vida, por ejemplo octubre 3, 2007

Posted by Marta in La vida misma.
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“… En ocasiones, me parece que pululo entre un puñado de nombres, que me muevo por unos pocos lugares y que vivo unas cuantas situaciones que se repiten -con algunas variantes, quizá-. Me absorben las mismas lecturas y hay canciones y películas que me hechizan sin remedio.

Me he tropezado tantísimo que no soy capaz de llevar la cuenta de los resbalones. A veces, he mantenido el equilibrio, otras me he caído pero también me he dejado caer sólo por no intentar evitarlo. La dirección en la que avanzo no siempre es la correcta y hay veces que me empeño en retroceder, disfrazando la marchatrás de decisión meditada.

Me han hecho daño pero sin duda yo también he lastimado. Incluso a propósito, sí. He sufrido, he llorado, me he reído y he hecho algunas cosas verdaderamente bien. Y las que me quedan.

Guardo recuerdos: algunos buenos, otros malos; los que animan a continuar de frente, los que encadenan. Me persiguen fantasmas. Echo de menos y echo de más. Tengo unos pocos planes, demasiados asuntos pendientes y saltos grandes a los que no me aventuro porque me bloquea el pánico. Pero me justifico: mejor otro día, sin falta el mes que viene, no es el momento

He crecido, por fuera y por dentro: no soy la misma que ayer y espero poder llegar a ser distinta mañana. Mejor, quiero decir. He aprendido lecciones, quizá haya enseñado alguna; he seguido ejemplos y me he rebelado, con o sin razón, contra lo establecido, contra los consejos, contra lo obvio.

Confío poco. No me abandono en manos de Dios ni tampoco en las de los demás. Trato de no exponerme demasiado pero siento que me quedo corta cuando me guardo mi mejor parte para mí. Peleo, a veces gano; la mayoría, pierdo. Sigo en pie.

Supongo que así queda tejido el entramado de una vida y sin embargo, no lo frena. Porque no empiezo en mí misma ni termino en mi piel, allá donde mis pies, aquí donde mi cabeza. Porque hay personas que se entrelazan conmigo, de forma pasajera o con argollas firmes. Porque la Providencia actúa y remueve, porque hace violencia donde uno se resiste: en la necesidad de cambio continuo, de conversión constante, de entrega: de amor sin límites, a Dios y a los demás”.

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Comentarios»

1. J. - octubre 3, 2007

=O

Si no todo, has soltado casi todo.

2. Futblo - octubre 3, 2007

Así, soltando presión…

3. maria - octubre 3, 2007

A ver… es un texto entrecomillado, dinos la fuente…

si la fuente eres tu… hay alguna cosa que no me cuadra…

y… sip, nos hemos levantado con el mismo pie!!! mucho animo…

Me estoy leyendo un libro guay!! se llama “El vino del estío”!!!

4. Enrique Monasterio - octubre 3, 2007

Al leer este autorretrato, he tenido que reprimirme para no soltar un elenco de consejos precocinados de viejo condescendiente.
La verdad es que envidio todo lo que dices, porque todo se puede resumir en dos palabras: eres joven.
Llegará un día en que te costará mucho, mucho decir “espero poder llegar a ser distinta mañana.” Los viejos somos como rocas siempre idénticas a sí mismas; si acaso cada día más erosionadas por el viento. ¿Qué cambio podemos esperar?
Y qué significa eso de “confío poco. No me abandono en manos de Dios ni tampoco en las de los demás. Trato de no exponerme demasiado”.
Si eres sincera al decirlo, te equivocas: hay que confiar siempre. No insultes a los demás mirándoles de reojo. Es verdad que quien confía se expone a alguna que otra traición, pero no importa: se perdona y adelante. Para estar vivo hay que abrir las ventanas, y que entre el aire sin filtros ni aduanas.

5. am - octubre 3, 2007

Me parece que has escrito todos los matices que puede tener una persona. Nadie es completamente blanco ni completamente negro. Somos blancos, negros, grises, rojos, amarillos, verdes azules… y rosas a veces! jaja.

6. patzarella - octubre 4, 2007

am, ¿cómo los “tenis rosas”? Creo que antes ya lo he dicho: ¡me gustan los claroscuros! La vida tiene matices, diferentes tonalidades que pasan por todo el espectro posible de colores. Para quienes la vida es “negro” o “blanco” y se cierran a la infinita posibilidad de tonalidades, esa vida -que está llena de color- se vuelve amarga e insípida. ¡Pobres! Sufren muchísimo porque no ven grises ni ven color.

7. Leyre - octubre 4, 2007

Espontánea,
tierna.

Voy a cortar el vértice de una estrella, cualquiera.
Tu sólo tienes que encargarte de encajarlo.
Todas son iguales, no es difícil.
Al encajar escucharás un crujido. Se recompone.

Después lo que tienes que hacer es vigilarla, por si a la larga se escapa otro vértice. De nuevo haces lo mismo

De eso se trata. De encajar vértices y recomponer.

Me gusta ese trocito de vida. Disfrútala, con tu playa, tu tiempo,tus letras… tu todo.

Besote!!

8. mariana - octubre 4, 2007

Me parece que más que una persona, hay muchas personas en esa historia. O tal vez una persona, la que somos y la que desearíamos ser. La clave: abandonarse de verdad en la Providencia.

9. Maca - octubre 8, 2007

¡Eh! ¡¡No te escondas y contesta!! Me uno a las dudas de María y de don Enrique…


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