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806 aventuras noviembre 12, 2007

Posted by Marta in Bilbao.
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– ¿Por qué no aparcas ahí?

– No, mejor otro lugar

– Vale que tu coche sea grande peeero ese hueco es enorme

– Es que ya lo utilicé una vez y…

– Vamos, no me vengas con que eres una maniática que no puede aparcar dos veces en el mismo sitio

– No. Es que un día dejé ahí mi coche verde y cuando volví… estaba blanco

  

Ocurrió hace casi un año: estaba en Pamplona, en lo de Sú y con los chicos. Me llamó mi padre y tuve que volver a Bilbao con urgencia por algo importante. Metí las cosas en la maleta un poco angustiada y sin apenas despedirme de nadie, me dirigí hacia el coche. Lo había dejado aparcado bajo el puente que hay sobre la avenida de la Rioja -un edificio que pasa por encima de la carretera haciendo un pequeño túnel-.

  

Recuerdo mi estupor y las ganas que tuve de pasar de largo. Fue en ese momento cuando entendí por qué estaba libre el lugar: la estructura de la casa sobre la calzada es un estupendo refugio para palomas. Para muchas palomas. Y por supuesto, habían dejado mi coche perdido, tanto que tuve que hacer malabarismos para entrar sin mancharme. No se veía nada por el parabrisas ni por las ventanillas de manera que, antes de coger la autopista, era imprescindible ir al túnel de lavado.

  

Tenía prisa. La chica me preguntó: “¿qué programa quieres?”. Le dije que el más barato. Miró el coche de arriba abajo y luego a mí, con una ceja levantada. “Bueno, quizá el intermedio”. Suspiró moviendo la cabeza, como si yo estuviera loca: “eso no saldrá fácilmente”.

  

La pobre bala tenía un aspecto lamentable. Pagué el lavado más caro, que llevaba espumarosa y terminaba con un enceradonoséqué. Me metí en el coche enfurecida y dije un montón de tacos mientras los rodillos nos pasaban por encima. Me consolaba un poco según iba viendo cómo desaparecían los pegotes de los cristales. Al salir, me asomé y la chapa relucía. “Guapa”, le dije y nos pusimos en marcha.

    

Por supuesto, jarreó por el camino.

    

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Comentarios»

1. J. - noviembre 12, 2007

Yo creía que odiabas a las palomas porque decían “Atlético de Bilbao”…

2. Juanan - noviembre 12, 2007

Yo también las odio. Me dan miedo. Cuando sobrevuelan mi cabeza nunca puedo evitar dar un respingo e intentar ponerme a cubierto. Lo peor fue el año que hacía remo en el Guadalquivir. Debajo de cada puente se repetía la famosa escena de “los pájaros”… me miraban, tenían deseos de bombardearme. Me seguían con la mirada… y debajo del puente hacía frío… gensanta que miedo.

3. maria - noviembre 12, 2007

buaj!!! yo no se que dicen las palomas pero mira que son asquerosas!! Una vez rescaté a una que estaba liada en una enredadera y me lo pagó con un picotazo… la muy desagradecida!.

odio a las palomas!!!!

4. nodisparenalpianista - noviembre 12, 2007

Las palomas son ratas con plumas. El día que atropelle una con la bici me voy a poner malo!!

5. pol - noviembre 12, 2007

¡Me suena esa historia! Te confesaré una verdad vergonzosa. Después de ese suceso que cuentas, en una ocasión de prisa y agobio, tuve que dejar ese mismo coche (la bala 806) en ese mismo lugar (el túnel de la mierda blanca)… ¡Pero tranquila! Sólo fueron unos minutos, y no cayó ni una sola mancha sobre su impecable carrocería verde mar…

Una reflexión: ¿cómo puede ser que tenga CARIÑO por un coche? Será por lo que ha llevado, o será por que la he llevado… O porque, sencillamente, es “la bala 806”. ¡Qué gran término acuñaste!

6. Jesu - noviembre 12, 2007

Las palomas son las ratas del aire. Recuerdo que en Florencia tenía que agacharme, porque las hijas de puta me pasaban por la oreja.

Como consuelo, te cuento lo que me pasa a mí con mi pobre Fiat Runo 320ri de Risca, que encima de estar agonizando (mi padre dice que no va a tener eutanasia), el pobrecito tiene que soportar 10 kilos adicionales en forma de polvo, arena y elementos geológicos varios. :cry:

Saludos!!!

7. am - noviembre 12, 2007

Jajaja, no soy muy fanática de las palomas. En mi escuela había muchísimas, me la pasaba todo el recreo ahuyentándolas. Me daban miedo sus patas! jaja.

8. Néstor - noviembre 12, 2007

Las únicas palomas que me gustan son las de la Plaza de San Marcos, en Venecia.
El resto son ratas con alas, en efecto.

9. FutBlo - noviembre 12, 2007

Al final, jarreó, por supuesto. jajajaja. No falla.

A mi me gusta la sensación de estar dentro del coche mientras los rodillos esos van y vienen..

10. Mòmo - noviembre 13, 2007

Por supuesto. Jarreó.
¿Y lo diverido que es perseguir palomas? Cuando ven venir hacia ellas a Joana, corriendo con un arte que más tiene de su madre que de su tío (o sea: sin arte), se ponen a correr también, también balanceándose, perseguida y perseguidora a compás, hasta que alzan el vuelo y se posan unos metros más allá. Y vuelta a empezar.

11. Marta - noviembre 13, 2007

-> Siempre llueve, Mòmo: cuando se lava el coche o se limpian los cristales… Yo odio las palomas pero te doy toda la razón en lo divertido de perseguirlas. Y más aún mirar a los nenes en el parque, corriendo a saltitos con las manos estiradas, intentando cazarlas…

-> Me encanta lo de los rodillos, FutBlo. Recuerdo que de chiquita me daba mucha impresión; ir dentro del coche en el túnel de lavado era cosa de valientes…

-> Totalmente de acuerdo, Néstor: si yo estuviera en Venecia, por muchas que hubiera, ni repararía en ellas…

-> ¡¡POL!! Copia 100 veces: “Bajo ese arco NO se aparca” que visto una vez lo que puede ocurrir, no quiero ni pensar lo que le escocería a la pobre bala toda esa mierda en su carrocería…

-> Nunca se me habría ocurrido, Pianista pero es una gran comparación ¡¡jaja!!

-> Eso es María: desagradecidas y encima, asquerosas. Frente común contra las palomas urbanas (a las torcaces, que no las toquen, que no molestan y cuando alguien las caza… están de rechupete).

-> Javi… ejem: las palomas no dicen “Atlético” si alguien no les enseña primero… Tú quieres tener un problema ¿¿verdad?? =P

12. Altea - noviembre 13, 2007

Yo todavía no he tenido mala experiencia con palomas, pero el día que la tenga… ¡Me lío a tiros!

13. Nodisparenalpianista - noviembre 13, 2007

Joer, Altea, pues a mi en la plaza mayor de tu pueblo, una paloma aviesa y cargada de malas intenciones me lanzó un proyectil que me impactó en mitad del corazón. Y cuando lo recuerdo, aún me duele.

14. Vida - noviembre 13, 2007

Reconozco que las palomas me dan algo de ‘repelús’ con esas patas tan rojas y la cara de mala leche, pero, sin palomas, ¿qué sería de mi infancia? en realidad, ¿qué sería de los sevillanos pequeñajos? Todo niño que haya crecido en Sevilla ha ido al Parque de Maria Luisa a darle de comer a esos buitres blancos (o grises, o verdes, o multicolores) algo que venía en bolsitas de plástico y que se parecía sospechosamente a las lentejas… luego nos cansábamos de alimentar su inflado ego y nos poníamos a perseguirlas mientras nosotros mismos perdíamos la dignidad en el intento de atraparlas…

15. Jesu - noviembre 14, 2007

Anda que no, Vida…

16. Altea - noviembre 14, 2007

¡Huy, Pianista, no me digas que estrenabas camisa! Peor que un proyectil fue la bomba atómica que le cayó a una amiga mía desde un alero. Tuvo que volver a casa a cambiarse.

17. ktulu - noviembre 14, 2007

jajajaj qué arte!
perdona que me ría, será que no me ha pasado lo mismo (al menos al mismo nivel). Pero oye, me gusta eso, chica lista que no tropieza dos veces con la misma piedra, que yo…


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