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Pizca de desconsuelo noviembre 17, 2007

Posted by Marta in Saco sin fondo.
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Abre la puerta y le parece un milagro haber llegado a casa: está agotada, aturdida tras un día desastroso y enfadada. Mira el reloj una vez más, impaciente -“aún faltan dos horas, dos horas enteras todavía”, se lamenta-.

Una ducha eterna, pijama y un rato tumbada con un libro que acaba de empezar.

Después pone un disco y va preparando la cena, ensimismada, mientras sus intentos por calmarse chocan con el recuerdo de una jornada desagradable.

   

Entra en casa. Oye la música muy alta desde el descansillo. Se asoma a la cocina: ella está de espaldas a la puerta, trajinando en el mostrador. Se apoya en el marco y le mira sin que se dé cuenta. Siempre que tiene ocasión, le mira cuando no puede verle. Pasan varios minutos.

Ella sigue el ritmo moviendo levemente la cabeza. Él se acerca despacio y le abraza por detrás, estampándole un beso. “¡¡Tonto, menudo susto!! No te había oído llegar”. Y al sentir ese abrazo, estalla en sollozos, desahogando de un golpe toda la presión acumulada. 

Él le serena. Le besa, le seca las lágrimas, le pellizca los papos… “Ssssssch, ¿qué pasa?”.

Hablan en voz baja, casi pegando nariz con nariz. “He tenido un día horrible”. Y le cuenta, poco a poco, entre hipos y suspiros.

– Ya está, ya fue. Estoy aquí ¿me ves? No me voy a ir. Aquí me tienes, aquí: sólo para ti…

De pronto, le levanta en brazos y empieza a dar vueltas. Cada vez más rápido: ella grita y se ríe, se ríe y grita -“¡¡bájame, qué mareo!!”-. Pero en cuanto pisa el suelo, va a decir algo y se deshace en pucheros.

– Además… no sabes lo que me han hecho…

– ¿Qué te ha ocurrido, vida?

Se lleva la mano al pelo recogido:

– He ido a la peluquería… -se suelta la melena y agita la cabeza- y mira… me han dejado muy fea…

 

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