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Nochevieja diciembre 31, 2007

Posted by Marta in La vida misma.
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Lo que no sabía Imanol cuando me envió este monólogo de algún humorista hace varias Navidades es que iba a salvarme la papeleta en el blog: muy apropiado rescatarlo hoy, convirtiéndolo así en la improvisada última entrada del año 2007. Se la debo.

  

” Dentro de nada… Nochevieja ¿eh? ¡Qué estrés! Cuando llega la fiesta miro alrededor y me da la sensación de que todo el mundo se lo está pasando bien, menos yo.

  

El estrés comienza con la cena. Aquello parece una prueba del Gran Prix: tienes que llevar calzoncillos rojos, algo de oro para meterlo en la copa, preparar las doce uvas y contarlas varias veces porque, como son todas iguales, te equivocas: una, dos, tres, cuatro… una, dos, tres, cuatro, cinco, seis… esta pocha ya la he contado… una, dos… siete, ocho… ¡Joder, las doce menos veinte! ¡Chavalín, trae el Rotring que las voy a numerar, como en el Bingo!

    

Y tu madre: ¿Queréis venir, que se enfrían las gambas? Que esa es otra: te tienes que comer todo lo que está en la mesa ¡antes de las doce! Que con las prisas, más que pelar gambas, parece que estás desactivando una bomba. ¡Coño, las doce menos diez! ¡Mamá, no me da tiempo! Hazme un sandwich con el cochinillo que ya está terminando Cruz y Raya.

  

Y no eres el único que está agobiado, ¿eh? No hay más que ver la tele: Ana Obregón y Ramón García, explicando a toda España cómo funciona un reloj. Acojonados por si se equivocan: cuando la aguja pequeña esté en las doce y la grande también. serán las doce. ¡Pues como todas las noches! Y entonces bajará la bola y… luego vienen los cuartos, ¡no vayan a empezar a comerse las uvas ¿eh? Vamos a ver: ¿por qué nos explican mil veces que nos comamos las uvas en los cuartos y nadie nos explica porqué tiene que bajar una bola? ¿Qué clase de reloj es ése?

Cuando por fin llegan las doce, en toda España se oye lo mismo: Cla, cla, cla, cla… Eso es la bola. Cla, cla, cla… Din-don… ¡Ah no, que son los cuartos! Din-don… ¡Escupid que son los cuartos! Din-don… Pfbbbbbbbb… ¿qué son qué? Din-don… Los cuartos… Ton… ¡Ahora, ahora! Ton… ¡Una! ¡Que no, que vamos por la segunda! Ton… Pues me meto dos… Ton… Seis… ¿Cómo que seis? Ton… A mí ya no me caben más, ¿eh? Ton… ¡Eh, deja mis uvas, cabrón! Ton… ¡Es que se me ha caído una al suelo! Ton… Bgrfds… Ton… Bggggdffffff… Ton… A mí ya no me quedan… Ton… Bgggggdffffff…. ¡Pues a mí me sobran cuatro! Ton… Bfgggggggg, grounfffffff…

Y cuando acaban, toda la familia con la boca llena de babas, a darse besos: – ¡Feliz año, eeeeeeeeeh, felicidades, grfdddfd! Y suena el teléfono, ¡riiiiiiiiiing! – ¡Pero coño! ¿Ya están llamando? ¿No se pueden esperar? – Pues a mí todavía me sobran dos… – ¡Champán, que alguien venga el champán!

Pero bueno, ¿les parece lógico empezar el año así? ¡Qué estrés, de verdad! Pero como es Nochevieja tienes la obligación de divertirte. Así que después te vas a un fiestorro a un sitio en el que, si caben mil personas, el dueño ha decidido meter a cinco mil doscientas. ¡Muy bien, cuatro mil doscientas más de las que caben! ¡Quédate en la calle si te apetece con la pelona que está cayendo! Así que entras.

  

Lo bueno que tiene ir a un sitio así es que te puede pasar cualquier cosa. A mí el año pasado me ocurrió de todo. Yo estaba tan tranquilo, tomándome mi cubatita de garrafón cuando de repente un tío me cogió por detrás y me dijo: ¡¡COOOOOOOOONGAAAAA!! Y, claro, qué vas a hacer: pues te pones a bailar. ¡Eso te lo hace un tío en el autobús y le partes la cara! Pero como es Nochevieja… ¡pues hala! Y de repente te das la vuelta y llevas cien personas enganchadas a tu culo. ¡A ver como escapas de ésta! Porque una conga es como una secta: entrar es muy fácil pero salir es muy jodido. Porque en el garito hay como doce congas girando a toda pastilla.

  

Bueno, pues iba yo conduciendo mi conga por mi derecha cuando, de pronto, me veo venir en dirección contraria una conga suicida conducida por un gordo con casco de vikingo. Yo le iba a hacer ráfagas pero como las congas no llevan ni luces, pues para evitar la colisión di un giro brusco a la derecha ¡y me tragué entera una columna de espejitos! ¡Siniestro total! Doce heridos leves y una columna de espejitos destrozada. Y yo, con una ceja abierta tirado en el suelo pensaba: joder, como me hagan soplar ahora, la hemos cagao. Y en ésas, me desmayé.

    

Al despertar estaba en la sala de urgencias, rodeado por todos los de mi conga. Algunos todavía no se habían desenganchado, habían venido corriendo detrás de la ambulancia. Bueno, las urgencias en Nochevieja hay que vivirlas. Si en la sala caben cincuenta personas, han metido a ciento cincuenta, como el de la discoteca. Y como allí también es Nochevieja, el camillero lleva un gorrito de moro, la enfermera un collar de hawaiana y el que te cose la ceja unos dientes de Drácula, que te da una confianza… El tío te dice: ¿qué ha sido, con una moto?No, con una conga.¡Ay! si es que van como locos con las congas.

Cuando salí de allí me quería ir a mi casa pero como era Nochevieja, acabé a las ocho de la mañana con la ceja grapada en un bareto. – Oiga, póngame un chocolate con churros.Pues sólo nos queda Nesquick y algunos dónuses. Es que los últimos churros se los han tomado los de una conga, ¡traían un cachondeo! Había un gordo que llevaba un casco de vikingo, no le digo más. Y es lo que yo le digo a los clientes: si no disfrutas en Nochevieja, ¿cuándo vas a disfrutar? “.

  

  

Espero que el 2008 sea para TODOS un año de alegrías, de oportunidades para aprender, crecer y ser mejores y por supuesto, que esté lleno de momentos estupendos cerquita de los que queremos.

¡¡ MUY FELIZ AÑO NUEVO !!

Marta

Navidad 2007 diciembre 23, 2007

Posted by Marta in La vida misma.
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Hace poco, Néstor decía “a mi, al menos, no me pilla de sorpresa la venida del Justo, ya no”. 

    

Y ¿saben? Le envidié de verdad. En el mejor de los sentidos pero le envidié. Porque a mí cada año ese Nacimiento -ese momento tan grande-, me encuentra en la inopia o caminando a contrapié o enfrascada en cualquier prisa, agobio o bronca.

  

Sagrada Familia

  

Sé que todo sobra -todo menos la atención en el Portalito- pero siempre, una y otra vez, caigo en las mismas trampas. Por eso, quisiera que fuera distinto, quisiera tener los pies en el suelo y los ojos en el Cielo. Y colarme entre los visitantes que van a Belén y admirar ese Misterio desde un rincón escondido, como un niño curioso.

    

Que la Sagrada Familia nos cuide a todos, para que tengamos una muy feliz Navidad y celebremos el Nacimiento del Niño Dios entre gente querida, estando alegres. Alegres de verdad: con el corazón contento, dispuesto a luchar por hacer el bien con la fuerza que esa Criatura Divina contagia -cuando nos dejamos-.

  

Santo Tomás diciembre 22, 2007

Posted by Marta in Bilbao.
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El 21 de diciembre hay revuelo en la ciudad desde primera hora de la mañana. La marea de gente camina en una sola dirección, Gran Vía abajo, cruza el puente del Arenal y se dispersa entre las casetas de la feria de Santo Tomás.

  

Feria Santo Tomás

    

Venden alubias, castañas, avellanas. Pan de pueblo. Quesos. Pastel vasco. Berzas, cebollas, chorizo, morcilla y maíz. Y capones de caserío.

    

Ay, los capones. De pequeña me espantaban: ver su pico a la altura de mi cara. Tan enormes y tan feos. Los compran para asarlos en Navidad. Qué valor debe hacer falta para llevarse uno de esos bichos vivo a casa y desplumarlo y tal. Y lo hacen las mamás o las abuelas. Valientes. Son capaces de todo para ver caras sonrientes alrededor de la mesa un día de fiesta.

Pero la mejor parte para quienes no vamos de mercado es la del talo con chorizo. O con lo que toque. Y claro, la sidra y el txakoli… Peligrosísimo, de verdad. Qué rápido se vacían las botellas. Más aún entre amigos, risas y relajo. Es como si las vendieran a medio llenar o como si tuvieran un agujero en el fondo. Y además, cuando uno se quiere volver a casa, recibe una llamada: “¿no estarás pora aquí?”; “pues sí, pues sí”. La experiencia demuestra que, en realidad, uno no se quería volver a casa así que queda con otros en las escaleras o en el quiosco o en la puerta de San Nicolás y así, sin enterarse, se le escapa el día de caseta en caseta, de talo en talo, de trago en trago.

El ambiente es la mar de alegre. Va todo el mundo. Van las familias con sus niños; los suelen llevar vestidos de arrantzales. Las niñas lindas con sus faldas azulonas, las enaguas, el pañuelo en la cabeza y las alpargatas. Los niños guapos con txapela, fajín y albarcas. Los ejecutivos entrajetados se escurren de la oficina en cuanto pueden y esconden la corbata entre los botones de la camisa para no mancharse con el aceitillo que sueltan los chorizos. Apuesto que la universidad se queda desierta. En realidad, el resto de la ciudad está desierta.

Y al final, lo de siempre: que lo pasamos estupendamente pero que extrañamos a los que no pudieron estar. Les esperamos el próximo año. Ojalá…

  

* Talo : tortas de harina de maíz hechas sobre una plancha, en las que se envuelve chorizo, morcilla, lomo… El txakoli o la sidra son acompañamiento obligatorio.

Perplejidad (II) diciembre 21, 2007

Posted by Marta in Saco sin fondo.
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El autobús que va a Barañain está tan lleno que no cabe un alma más. Detrás de mí se colocan como pueden un chico y una chica. Ninguno de los dos tiene más de 16 años. Él hace claros esfuerzos por impresionarle y ella no se deja. 

Al llegar a la última rotonda del trayecto, el chaval la señala y explica en tono casi heroíco: 

– Mira, ayer el Mauro y yo nos estrellamos ahí mismo con su moto 

– ¡Qué fuerte! ¿En serio? 

– Sí, venía un coche y yo le avisé a Mauro pero justo entonces… 

Ella le corta:

– ¿Y qué le pasó a la moto?

Me entra la risa pero me da tiempo a morderme la lengua y a esconder la cara tras el pañuelo que llevo al cuello. Una señora que va sentada, me mira y hace lo mismo.

Él no vuelve a abrir la boca. Al llegar a la parada, se bajan los dos juntos y con un leve gesto de la cabeza, se despiden: cada uno se marcha por su lado.

Perplejidad diciembre 19, 2007

Posted by Marta in Saco sin fondo.
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Nano llega tarde de la academia de pintura. El profesor le ha mandado copiar un dibujo de una mujer negra con lápices de colores.

    

Está perplejo.

  

– Justo cuando iba a empezar, Jorge me ha quitado los oscuros y me ha alargado el rojo, el naranja y el amarillo. “Y toma el azul -me ha dicho- para las sombras”.

  

Se encoge de hombros.

  

– ¿Te lo puedes creer? ¿Cómo voy a pintar una negra con esos colores? ¿Cómo voy a pintar su pelo escabeche?

  

Escabeche.

  

Perpleja yo.

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