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Precioso febrero 22, 2008

Posted by Marta in La vida misma.
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Cuando una semana empieza torcida no resulta fácil de enderezar y la única vía de salvación posible es que el viernes llegue cuanto antes para poder olvidar todo lo anterior. Y hay veces que ni así se olvida.

Mi semana estaba abocada a la ruina desde antes del lunes pero ayer al mediodía, recibió la mejor de las visitas, impulso y aire para llegar al final con un resto -escaso- de compostura. A pesar de la alegría, reconozco que maldije un poco la condición humana, siempre sujeta al tiempo que corre inexorablemente, más si cabe cuando menos se quiere correr.

Así, poco después me vi en el coche, haciendo un fugaz e inesperado viaje de ida y vuelta a Pamplona -cosas de la vida- a un funeral. Eso propició algún reencuentro con el pasado: un leve choque, una ardua circunstancia que salvé con el poco estilo que me caracteriza. Pero seguido, tuvimos una cena agradable entre pintas y tostadas -agua para la conductora-.

Regresamos tarde. Mucho. Conduje a mis anchas, aprovechando que la carretera estaba vacía. Mamá dice que le gusta cómo conduzco por que no muevo el coche. El pasaje iba dormido desde el kilómetro cero, mecidos y descansando despreocupadamente.

Les envidié un poco, sólo hasta que la luna llena apareció detrás de un monte. No sé si alguna vez en mi vida habré visto una luna tan llena      -rebosante- que, al paso del coche y sus faros, me permitía ver por el retrovisor una estela azulada y neblinosa, de noche clara y despejada con el cielo cuajado de estrellas, estrellas de las que tintinean.

Me acosté al llegar pero después de dar más vueltas que un molino sin pegar ojo, opté por echar mano de “Franny y Zooey”. Lo acababa de comprar apenas el día anterior: di con él en la Casa del Libro mientras buscaba otra cosa que no encontré. Y me lo llevé. Así, entre vuelta y vuelta -decía-, lo cogí. Y lo leí del tirón.

Luego, apenas dormí un par de horas y ahora quisiera poder dormir un millón o dos.

Hoy ha hecho un día bonito. No tanto como ayer. Que fue precioso.

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