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Siesta sin título abril 11, 2008

Posted by Marta in Huidas, escapadas y otras cobardías.
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Aprovechando el sol del mediodía y la hora de la siesta, me tumbé en la hamaca de la terraza, con un almohadón blando bajo la cabeza, atrincherada tras las matas de azaleas que mamá plantó en las jardineras. Mirándolas distraídamente, me absorbió la atención un abejorro trajinador, revolviendo entre las flores. Creo que se sintió molesto en sus quehaceres por encontrarme tan curiosa y se me acercó peligrosamente.

  

Empezó a revolotear sobre mí y me quedé quieta -muy quieta-, esperando que no decidiera posarse ni picarme ni incordiarme. No paraba de dar vueltas y más vueltas y más vueltas hasta que caí en la cuenta de que el pobre estaba atrapado en el torbellino de ideas que rondaban por mi cabeza a velocidad de vértigo. Y cuando por fin pudo zafarse de semejante ciclón, un poco aturdido todavía, llegó a tiempo de avisar a otros dos abejorros aún más gordos que charlaban en animada tertulia unas flores más allá. Me miraron con desprecio y volaron al balcón vecino -peor para ellos-, menos florido, menos bonito y menos cuidado.

 

Un rato después, sonó el teléfono y adormilada, alargué torpemente la mano, tanteé sobre la mesita y, a los siete tonos, acerté a descolgarlo. Al otro lado del hilo, una voz alegre que ya estaba echando de menos:

 

– Hola ¿qué haces?

– Estaba en la siesta

– Así que te he despertado…

– No, qué va; no dormía

– Entonces eso no es una siesta

 

Ese argumento le bastó para no sentirse culpable por haberme espabilado. Su siesta es sagrada: cuando no se respeta, lo registra como el más hostil de los actos hostiles. Lo cierto es que, a esas horas, sólo considera dos posibilidades cabales: dormir, en cuyo caso se trata de una verdadera siesta o dedicarse a cosas prácticamente productivas. Por tanto, yo estaba literalmente perdiendo el tiempo o haciendo el vago. Pero tan tranquila -le dije-, disfrutando de un día precioso y con un libro entre manos.

 

En esta época, a pesar del cambio horario, el sol todavía está bajo. Por eso, desapareció pronto tras el edificio de enfrente. Pero justo antes de que se escondiera, le robé un rayo y me lo guardé en el bolsillo. No me vio nadie. Hasta que salí a pasear y se me escapó en plena Gran Vía. Ya me decía la abuela: nena, que hay cosas con las que no se juega. Pero no me pude resistir. Y perdí el rayo. Aunque lo perseguí por toda la calle pero era tan rápido -tanto- que no logré alcanzarlo.

  

 

Hoy ha amanecido nublado y no sé si tengo que sentirme culpable.

   

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Comentarios»

1. maria jesus - abril 11, 2008

¿No sería el rayo verde? si fuera así sería para matarte.¿ No sabes que las abuelas somos muy sabias? Haz caso a la tuya

2. Néstor - abril 11, 2008

Cuántos retazos se quedan pendientes de esta historia tan buena.

3. am - abril 11, 2008

Me gustaría tener esa costumbre de dormir la siesta. Aquí, no se deja tiempo para eso y creo que está muy mal jaja. Tienes más días para robarte otro rayito y cuidar que esta vez no se escape. Un beso!

4. Macca - abril 11, 2008

Eso mismo he pensado yo mientras leía: eso no es una siesta. Pero ese tiempo para ejercitar el cerebro al tiempo que el cuerpo se relaja es bien productivo.

Oye, dos dudas: ¿y el libro entre manos, dónde lo tenías escondido? ¿y qué tiene que ver el resto del relato con el último párrafo?

(Bueno, no hace falta que respondas, pero tenía que pasarte mis “malas sombras”. Buenos pensamientos, boca abierta y admiración hay, sabes, de sobra. Pero el hacértelo saber… eso prefiero dejarlo a los demás, je,je. Para eso estamos los amigos…)

5. Nodisparenalpianista - abril 11, 2008

Me descubro. Lo has bordado.
De premio, una siesta sin abejoros parlanchines.

6. patzarella - abril 11, 2008

Qué bonito relato !!! Me imagino a aquellos abejorros…, suerte que no te picaran !!! Y te envidio porque yo nunca tomo la siesta a menos que esté enferma y entonces no me queda más remedio…

Se antoja, se antoja.

7. Juanan - abril 12, 2008

Precioso, Marta. A mí me dan un miedo los abejorros… es que me pongo malo, vaya, si no salgo corriendo -más rápido que el rayo que se te escapó.

8. Altea - abril 12, 2008

Mmmm! Qué bonito. Hacer poesía de la siesta, nunca se me había ocurrido.

9. a tiza y papel - abril 13, 2008

Qué buena entrada, por favorrr! Ni un “pero”.
Enhorabuena.

10. Leyre - abril 14, 2008

¡¡¡Qué agusto!!!

11. El futuro bloguero - abril 14, 2008

olé.

Que bueno leer esto para regresar a los blogs amigos. Y encontrarme un relato tan intenso de sensaciones.

Beso

12. zocadiz - abril 14, 2008

La siesta ya no se acostumbra.
Cómo se le extraña!!!


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