jump to navigation

Uno septiembre 30, 2008

Posted by Marta in Bilbao.
8 comments

 

Acabó el verano y, como cada fin de verano, regresó la rutina que por eso es rutina. Los niños volvieron al colegio, los mayores al trabajo, como cada septiembre. Los días parecían haberse adaptado con firmeza al nuevo curso y se fueron acortando, enfriando y ensombreciendo, como cada otoño.

 

Había empezado la liga. Una noche les vimos perder otra vez en un bar de siempre, entre cerveza y patatas fritas. Y alguna que otra copa. Y cerraron el bar y se nos hizo tarde y fue duro hasta empujar la puerta del portal -algo tan estúpido como empujar una puerta- sabiendo que era casi la última vez.

 

Una Elósegui, lección magistral -ante el espejo- de ese hombre sabio y sereno que tantas veces nos enseña, nos hace reír y pensar. Palabras, promesas, recuerdos, proyectos, lágrimas escondidas… Abrazos.

 

Domingo, 30 de septiembre. Se paró la costumbre en un aeropuerto. Se rompió lo diario sobre el Mediterráneo. Un viaje, maletas llenas, corazón de mudanza. Un país diferente, una ciudad familiarmente desconocida. Y así fue que te fuiste y estrenaste una nueva vida, la misma de antes, igual pero distinta.

 

Un año nada más. ¿Cuánto es eso? Demasiado mucho apenas nada. Nada. Aquí siempre, aquí, cerca a pesar de que sea lejos y nunca, nunca tarde.

 

[Ya queda menos. ¿Cuánto? Menos. Que no es poco ¿verdad?]

 

Apenas cinco septiembre 25, 2008

Posted by Marta in Bilbao.
12 comments

 

Creo que lo realmente bueno de trabajar en ese lugar dos mañanas por semana son los escasos cinco minutos de Gran Vía desierta para mí: apenas cinco, sólo mía. Y sin embargo, algo tan breve e insignificante, puede compensar las cinco horas siguientes, las que se desatan sin piedad al cruzar el portal de esa oficina.

 

Los tilos que flanquean la calle de extremo a extremo todavía conservan las hojas verdes, salpicadas las copas de algunas motas amarillas. Pronto, las ramas empezarán a desnudarse -primero, perezosamente; con descaro, después- y dejarán el suelo alfombrado de ocres y marrones, toda una suerte de riesgos resbaladizos para las mañanas húmedas y los días lluviosos.

 

Y yo seguiré desayunando esos cinco minutos tan escuetos, dos mañanas por semana, viendo al otoño acampar con los castañeros en las esquinas; al invierno asomarse y envolvernos mientras nos envolvemos en los abrigos y en las bufandas. Y a la primavera después, pero eso será más tarde.

 

La quietud en las aceras, el viento madrugador, el eco del reloj del Banco de España y el sonsonete del vendedor de lotería, que ofrece azar y fortuna a unos pocos viandantes, se quedan en la calle y se vuelven lejanos al cerrarse, tras de mí, la puerta y el ascensor. Otra mañana que, unos momentos antes de empezar, ya ha merecido la pena.

 

Media luna septiembre 24, 2008

Posted by Marta in Saco sin fondo.
8 comments

  

Media luna pende del firmamento negro en la inmensidad oscura y brillante. Pende de un hilo invisible y poderoso que la sostiene inmóvil a pesar del viento en la noche de final de septiembre.

 

Es un guiño de luna. Una sonrisa cósmica, anaranjada, a media luz. Cuarto creciente, cuarto menguante, mentirosa ella. Y silente.

 

La mitad de una mirada que observa desde lo alto. La mitad de una cara misteriosa, con otra recóndita que nunca enseña.

 

El niño de ojos de mar, de pelo de fuego, de manos de cristal, no sabe si aquélla, la escondida, existe. Y tumbado en el campo sobre el heno húmedo de relente, escruta el cielo y sueña.

  

Sueña. Sueña que quizá un día -una noche- se escape a buscar el otro lado. Tal vez vuele con un globo de helio atado a la muñeca o con una nave de juguete o prendido a la estela de una de las estrellas que capturó en la noche de San Lorenzo. No le importó. A San Lorenzo, desde luego; ni a la estrella. Y cuando cierra los ojos, planea bajo sus párpados dibujando formas nuevas y pintando colores raros.

  

Sonríe. Sonríe porque fue suya la idea, la de partir hacia ese descubrimiento. La de darle la vuelta a la luna para que muestre su cara oculta, la desconocida. Y quién sabe. Si lo consiguiera, si lograra girarla, podría ser que nadie en la tierra notara la diferencia. Sólo él.

  

Y, dormido,  se acurruca entre el heno riendo en sueños. Un guiño de luna que nadie ha visto y nadie más que él podrá ver.

 

París, detalle (VI) septiembre 19, 2008

Posted by Marta in Huidas, escapadas y otras cobardías.
9 comments

 

En París hay magia. Encanto. Sorpresas. París juega con el visitante y le emociona. Se muestra con grandeza y se oculta en rincones que parecen insignificantes y no lo son. Misterios, filigranas y detalles.
 
París se hace querer y se deja encontrar. Sale en busca del caminante perdido aunque no se haya perdido. O cuando se pierde a propósito. Es necesario perderse en París. Andar, curiosear, reír, mojarse, pensar, gritar. Incluso llorar. Y escribir.
 
En París todo es hermoso. El Sena y los muelles, las avenidas imponentes, las calles estrechas y retorcidas, las cuestas. Las fuentes, los jardines, las plazas y los cafés. Las iglesias. Y desde lo alto, los mares de tejados. Océanos de azoteas, agujas y torres. Terrazas escondidas a los ojos de la calle. Claraboyas. Y desde lo alto, miradas legendarias, antiguas, perennes, que contemplan el tiempo, el paso del tiempo y el de las gentes. Si uno pone la atención debida, puede escucharles hablar.

 

 

      

 

Conduciendo septiembre 17, 2008

Posted by Marta in Saco sin fondo.
9 comments

 

Mantiene los ojos fijos en la carretera y sin embargo, sabe que le está mirando. Que le está mirando y que sonríe maliciosamente. Aunque no le vea. Lo sabe.

 

– Es cierto…
– ¿El qué?
– … nada…
– ¿Nada? ¿Cómo que nada? Venga…

 

Se muerde el labio.

 

– Cuando conduces… se te pone cara de pirata
– ¿Cara de…? ¡Pero qué g… chorradas dices!

 

Se ríe.

 

– Cara de pirata y lenguaje de camionero

 

A %d blogueros les gusta esto: