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París, detalle (I) septiembre 1, 2008

Posted by Marta in Huidas, escapadas y otras cobardías.
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No sé bien por qué, si íbamos tantos y tan apretados, cuando aquel ascensor inició su vertiginoso viaje hacia el cielo nocturno de París, me acordé de “El tercer hombre”. Del bueno de Cotten entrando en la cabina de una noria destartalada, y del pérfido Welles. De cómo, al llegar a lo más alto, éste señalaba al suelo, a las personas que estaban debajo. Puntitos negros, les llamaba. Con crueldad y desprecio. No sé por qué pero me acordé.

 

 

Vi mil puntitos desde la cima de la torre Eiffel. Miles. Puntitos de luz que aclaraban avenidas, callejuelas y edificios. Luz tenue, amarillenta, blanquecina o parpadeante que alumbraba parques, jardines, casas y monumentos.

 

Y así, suspendida entre el cielo y el suelo, con un viento gélido y veloz, concluí que París es tan hermoso desde arriba como desde la calle o desde el mismo metro. Y que en todos los lugares, esquinas, rincones, grandes plazas y museos hay esperando algo maravilloso que le deja a uno boquiabierto.

 

 

Entonces, aún me quedaban cinco días y medio por delante para descubrir lo que se extendía bajo mis ojos y a mis pies. El corazón me latía con fuerza y las ganas de verlo todo se me escapaban por los poros de la piel.

  

Con la atención alerta, como nunca, regresamos a tierra firme y dio comienzo la aventura hacia la que, pocas horas antes, habíamos puesto rumbo.

 

  

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