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Reincidente mayo 29, 2009

Posted by Marta in La vida misma.
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– Ey… -un leve codazo- ¿Sé puede saber dónde estás?

 

– ¿Que dónde…? ¿Cómo…? Aquí… Estoy aquí…

 

– No… Eso es solamente lo que parece

 

– ¿Qué?

  

– Que lo has vuelto a hacer

 

– ¿Hacer? ¿El qué?

 

– Esconderte

 

– ¿Esconderme? ¿De qué?

 

– Eso me gustaría saber

 

– Pero si estoy aquí delante, contigo

 

– Estás, sí. Pero tan dentro de ti, tan lejos, que es como si ni siquiera pudiera verte

 

Museo mayo 18, 2009

Posted by Marta in Saco sin fondo.
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A primera hora, el museo aún estaba vacío. Apenas se escuchaban los pasos de otra docena de personas a nuestro alrededor y sus voces susurrantes. Ni gritos ni teléfonos ni timbres ni empujones.

 

egon-s

 

Me sujetó por los hombros con suavidad y me alejó del cuadro.

 

– Míralo desde aquí, completo, en un golpe de vista…

 

Un instante después, se acercó. Se acercó mucho, se quitó las gafas y me hizo un gesto.

 

Me aproximé yo también. Tenía la cara cerca del lienzo, tanto como se lo permitían la línea de seguridad y el guarda que vigilaba atento para que no sobrepasara los límites.

 

Hablaba en voz baja.

 

– Ahora los detalles. Fíjate bien. Los trazos… Por ahí pasó su mano, una y otra vez. -Mueve lentamente la suya-. Está ahí. Su pincel. Las pruebas, los intentos, los esfuerzos denodados para decir lo que buscaba que dijera, para enseñarnos lo que quería que viéramos

 

Dio un paso atrás, guiñó un ojo.


– ¿Crees que te cabría en el bolso?

 

Siempre hacemos ese comentario tonto y, de cada visita a un museo, me llevo -ficticiamente, escondidas en un bolso igualmente ficticio- decenas de obras de arte que, a la salida recontamos cuidadosamente. Por supuesto, cupo. Ésa y tantas otras, aquel día y los que vinieron después.

 

Final (de copas) mayo 14, 2009

Posted by Marta in Bilbao.
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Cuando uno llega a determinada edad puede decir cosas como ésta: “hace veinticinco años…”. A mí ya me llegó el momento; ése en el que, cada vez que hablo de un recuerdo, encabeza la frase un largo tiempo sobre el que remontarse. Además, es algo que no tiene remedio porque, según vamos viviendo, acumulamos mayor número de recuerdos y aumenta escandalosamente el número de años al que remontarnos. Hasta que sustituimos la fórmula por esta otra: “cuando era joven…”. Por suerte, para eso aún me queda un rato.

Hace veinticinco años, yo tenía sólo dos y apena levantaba un puñado de centímetros del suelo. Como a cualquier niño, me enseñaron muchas cosas que fui aprendiendo, muchas cosas, como todos aprendemos desde chiquitos. Aprendí a caminar y a hablar, a dejar mi balón a otros niños aunque no quisiera, a leer y a escribir, a pegar para defenderme -o para atacar-. A pedir por favor, a pedir perdón, a utilizar los cubiertos, a no hacer bolitas con la miga de pan y lanzárselas a quien se sentara delante. A comer de todo. A no llorar por tonterías, a no encapricharme…

Tengo grabadas con especial cariño ciertas cosas. Aprendí a ver películas en blanco y negro, con mi padre, boquiabierta en el sofá. A escuchar y apreciar la buena música y la lectura. Aprendí a distinguir los colores en las láminas de sus libros de arte, a mirar cuadros. Y también a disfrutar en rojo y blanco.

Hace veinticinco años, el Athletic ganó su última copa del Rey. Yo entonces tenía sólo dos. Apenas un leve recuerdo de aquella locura que se fue alimentando con las anécdotas que contaban los grandes, con fotografías y diapositivas… Ganamos y me llevaron a celebrarlo, a ver la gabarra, en la marea rojiblanca que inundó las calles. Las riberas. Los bares. Las ramas de los árboles. Los parques… Eduardo hoy no puede verme ni leer lo que escribo pero fue él quien me cargó a hombros durante varias horas para que no me aplastara la multitud. Y quien me consiguió la primera bandera que ondeé en mi vida. La del Athletic.

con eduardo pequeña marta peq

Anoche perdimos la final de la Copa, la única que hemos jugado desde entonces. ¡Habíamos llegado hasta ella! y teníamos la ilusión de ganarla. Pero también los pies en el suelo. Peleamos con fuerza aunque evidentemente resultó escasa, como todos nuestros recursos. Perdimos y no sé bien si fue contra un equipo de fútbol o contra una apisonadora; quizá contra una brigada de limpieza que lo barre todo o contra una unidad de los SWAT.

Pero, a pesar de todo, lo pasamos bien, muy bien. Porque de eso sabemos mucho. Y los pocos culés que fueron a San Mamés a ver la final en esas pantallas enormes, y todos los que nos encontramos a la salida, tomando cacharritos en la calle… pudieron comprobarlo y unirse a la fiesta. Un poco más contentos que nosotros.

Quién sabe… Quizá tengamos pronto otra oportunidad.

[ Teletipo, Ricardo, Leyretxuuu y compañía: ¡enhorabuena! ]

Dime / Lo que hace la mar mayo 9, 2009

Posted by Marta in Letras con nombre propio.
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Dime. 

 

Qué sería de ti si te arrancaran de la orilla del mar. Dónde podría descansar tu cuerpo agotado, cómo lograrías recuperar el ritmo pausado de la respiración. Quién cantaría para ti una serenata que es, cada vez, distinta. Cuándo volvería a impregnarse tu piel del sabor de la sal. 

 

Dime.

 

Cómo recuperarían tus ojos el brillo intenso que refleja el agua. El agua verde, el agua azul, el agua negra. Las tormentas y la calma. El sol dejándose hundir en sus profundidades, la luna naciendo de sus entrañas.

 

Quién te abrazaría como las olas te abrazan, con violencia y dulzura al mismo tiempo. Qué rumor, qué viento te arrullaría en sueños.

 

Qué sería de ti si te arrancaran de la orilla del mar.

 

Dime. Qué sería de mí entonces.

 

 

sonabia 

=====

 

 

“(…) ¿Sabes qué es lo más hermoso de aquí? Mira: nosotros caminamos, dejamos todas esas huellas sobre la arena, y ahí se quedan, precisas, ordenadas. Pero mañana, cuando te levantes, al mirar esta enorme playa no habrá ya nada, ni una huella, ni una señal cualquiera, nada. El mar borra por la noche. La marea esconde. Es como si no hubiera pasado nunca nadie. Es como si no hubiéramos existido nunca. Si hay un lugar en el mundo en el que puedes pensar que eres nada, ese lugar está aquí. Ya no es tierra, todavía no es mar. No es vida falsa, no es vida verdadera. Es tiempo. Tiempo que pasa. Y basta.

 

                                                    Podría ser un refugio perfecto. Invisibles para cualquier enemigo. Suspendidos. Blancos como los cuadros de Plasson. Imperceptibles incluso para nosotros mismos. Pero hay algo que agrieta este purgatorio. Y es algo de lo que no puedes escapar. El mar. El mar encanta, el mar mata, conmueve, asusta, también hace reír; a veces desaparece, de vez en cuando se disfraza de lago, o bien construye tempestades, devora naves, regala riquezas, no da respuestas, es sabio, es dulce, es potente, es imprevisible. Pero sobre todo, el mar llama. (…) Es lo único que hace, en el fondo: llamar. No se detiene nunca, te entra dentro, se te echa encima, es a ti a quien quiere. Puedes disimular, no te sirve de nada. Seguirá llamándote. Este mar que estás viendo y todos los otros que no verás, pero que estarán siempre al acecho, pacientes, un paso más allá de tu vida. Los oirás llamar infatigablemente. Sucede en cualquier purgatorio de arena. Sucedería en cualquier paraíso, y en cualquier infierno. Sin explicar nada, sin decirte dónde, habrá siempre un mar que te llamará (…)”.

 

 

 

[ “Océano mar”, Alessandro Baricco

Si hay un libro imprescindible, ése es “Océano, mar”

Imprescindible una, dos, mil veces ]

 

Ese libro mayo 4, 2009

Posted by Marta in Letras con nombre propio.
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Entre todos los libros de todos los estantes, el dedo se detuvo -sin razón aparente- sobre un lomo muy delgado, levemente remetido. Lo saqué de su sitio con curiosidad.

 

Me intrigó la portada. Un motel de carretera alumbrado por una triste farola de luz anaranjada mortecina.

 

El título me tentó. “Si me necesitas, llámame”.

 

No pude evitar comprarlo.

 

“Si me necesitas, llámame”. ¿Quién podría haberse resistido?

 

Fue un día pésimo.

 

Te telefoneé muchas veces. No descolgaste ninguna.

 

Leí el libro por la noche.

 

Y lo devolví a la mañana siguiente.

 

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