jump to navigation

Tierna y honda preocupación septiembre 5, 2009

Posted by Marta in Huidas, escapadas y otras cobardías.
trackback
 
 
Que se encontraba mal, eso fue lo que dijo. Que había hecho un poco de arroz blanco, que no quedaba coca-cola en la nevera así que se había tomado media tónica con agua para ver si se le asentaba el estómago y que estaba echado en el sofá porque le daba pereza arrastrarse hasta la cama.
 
Su voz, al otro lado del teléfono, sonaba más tenue de lo habitual. Sí, es probable que se encontrara mal. Y además me pareció que no tenía ganas de hablar porque bostezaba continuamente. No tenía ganas de hablar conmigo ni con nadie. Al menos, eso es lo que pensé, quizá por no querer pensar que pudiera preferir estar jugando con la consola entre cucharada de arroz y trago de tónica o hablando con cualquier otra persona en lugar de hacerlo conmigo.
 
Sofía, tres años de vida, luz y color, se acercó a mí cuando cerré la tapa del teléfono móvil. La cerré con brusquedad y, tal vez, con cierta cara de mosqueo y, eso, le provocó curiosidad.
 
– ¿Qué pazó?
– Oh, nada, no pasa nada, Sofía
– ¿Estáz enojada vos?
– No.
– ¿No? ¿Ni un poquitito zólo?
– Sólo un poco triste
– ¿Y poqué trizte?
– Creo que está malito -obvié decir su nombre pero moví la mano en la que sujetaba el teléfono-
– ¿ X eztá malito? -puede que por un segundo olvidara que los niños son niños, ni tontos ni sordos ni tarados: niños-
– Oh, sí, X
– ¿Y ezo te pone trizte?
– Bueno, es que se encuentra mal y por eso, no tiene ganas de hablar conmigo. ¿Entiendes? Es como si… como si… Mario no quisiera jugar con vos porque le duele… la panza
– A Mario no le duele la panza y eztá jugando conmigo. Pero zi X no quiere hablar con vos, yo hablo con vos
– ¿Sí? ¿Y qué me cuentas?
 
Ya estaba oscuro. Las voces al otro lado del porche se fueron apagando poco a poco, dando las buenas noches, acostándose por goteo. El termómetro no había bajado ni un grado pero entraba un poco de brisa desde el puerto Cocodrilo y compensaba la temperatura del aire que, de tan alta, parecía hacerlo demasiado denso para respirar.
 
Le ayudé a trepar al murete donde estaba sentada y me contó de la escuelita, de su maestra y de sus amigos de clase, de cómo cuida a su hermana pequeña en los recreos. Me habló del campo, de los caballos, de los cursos de natación en la pileta.
 
Me señaló la luna creciente y las estrellas. Le expliqué dónde estaba la Osa Mayor pero no entendió por qué lleva ese nombre si tiene forma de carro y no es una osa. También dijo que su abuela está allá arriba, que le ve y que le cuida. Pero me explicó que no está en el cielo como cuando uno va en avión sino que se queda allí para siempre. Le contesté que entonces, seguro que ya habría conocido a la mía y que, ahora, las dos juntas, nos estarían mirando. Las dos abuelas divertidas, observando cómo conversábamos y -pensé- cómo Sofía me hacía olvidar por un rato que estaba triste porque… porque… ¿Es que antes acaso estaba triste por algo?
 
Anuncios

Comentarios»

1. Juanluís - septiembre 5, 2009

¡Che, qué bueno que volviste!
[PS. Los locos bajitos nos devuelven la cordura con paladas de sinceridad]

2. maktub - septiembre 5, 2009

me encanta como escribes! me alegra que hayas vuelto a publicar porque ya echaba de menos tus historias tan bien contadas!
1saludo!

3. Miguel - septiembre 5, 2009

Veo que tienes unas baterías de lujo. ;-) Se recargan rápido y te ponen en cabeza de carrera. Lo mejor de lo que escribes hoy es todo lo que dices sin decirlo. La verdad, como muchas otras veces. Gracias!

4. Dulcinea - septiembre 5, 2009

Sofía tiene tres años de sabiduría, como todos los peques. Nos espolean y sacan lo mejor de nosotros.

5. Marc Roig Tió - septiembre 6, 2009

Me ha gustado. Y de paso dile a Sofía que estoy en una ciudad que se llama como ella. ¡Qué grande!

6. a tiza y papel - septiembre 6, 2009

Qué bueno, Marta!
Bienvenida, guapa.

7. Nahum - septiembre 7, 2009

Yo estoy alegre, como Sofía, de poder seguir conversando contigo, aquí.

8. Futblo - septiembre 7, 2009

Me alegro de tu vuelta, y me has hecho sonreir, que también me hacía falta…

Besos des-preocupados.

9. J. - septiembre 7, 2009

Leerte por fragmentos -incluso combinarlos, cambiar el orden-, así, poco a poco, para que dure más.

10. Inés - septiembre 7, 2009

no siempre acertamos al elegir compañero e conversación…es mejor que la suerte se encargue de elegirlo.
En este caso supongo que Sofía fue lo mejor que te pudo pasar .Una delicia. Bss

11. Nodisparenalpianista - septiembre 8, 2009

Cuando vuelvas a hablar con él, cuéntale la historia de Sofía. Me juego los dientes a que estaban compinchados, aún sin saberlo.


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: