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Volver a casa febrero 6, 2010

Posted by Marta in La vida misma.
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VIERNES.- Un hombre de cincuenta años sale de trabajar, arranca el coche y regresa hacia su casa. Ha quedado en recoger a su mujer a las cinco. Hay un tráfico loco en la autopista. Ella le espera haciendo cualquier cosa. A las cinco y media, suena el timbre. Se ríe. “Qué cabeza. Dónde habrá dejado las llaves”. Abre la puerta. Dos policías en el rellano. Un grito de espanto ahogado en la garganta y el dolor más intenso que ha sentido nunca. Porque no volverá a casa. Jamás.
  
  
SÁBADO.- Una señora de ochenta y dos años se siente mal en mitad de la noche. Trata de incorporarse con esfuerzo. Finalmente lo consigue pero, al levantarse de la cama, se marea y se desmaya: cae como un fardo contra el suelo, golpeándose la cabeza. Cuando recupera la consciencia, se palpa la frente: sangra mucho. Llama a su marido pero no le oye porque está sordo y dormido. Sólo unas horas después, al despertarse, le encuentra tirada, llama a una ambulancia y le ingresan en el hospital. No hay camas libres en urgencias y su camilla se queda en el pasillo, como tantas otras. Tras unas horas de larguísima espera, observación y pruebas agotadoras, le dan el alta y le dejan volver a casa.

 

DOMINGO.- Una chica de veintiséis años conduce por la autovía a última hora de la tarde mientras nieva con fuerza. Ya está oscuro. “En invierno, la luz desaparece tan pronto…”. Los focos no ayudan porque reflejan en la tormenta blanca y le deslumbran. Un carril está totalmente cubierto; sólo se puede circular por el otro. Muy despacio. Pasan varias máquinas quitanieves en dirección contraria. Ninguna en la suya. Les ruega al Ángel de la Guarda y a la abuela que le cuiden en el camino de vuelta a casa.
 
 
[ Hace un año, exactamente. Un escalofrío y una cascada de preguntas: ¿por qué, por qué, por qué? Tienen respuesta pero me temo que no dará la vida entera para conocerla y mucho menos, para comprenderla ]
 
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Comentarios»

1. Macca - febrero 6, 2010

No. En esta vida no. La respuesta la tendremos en la Otra, sólo un poco más tarde, cuando estemos de vuelta en Casa. ;)

2. dulcinea - febrero 6, 2010

Estamos en manos de Dios. Gracias a Dios.

3. maktub - febrero 7, 2010

me gusta mucho como siempre todo lo que escribes..

4. Nodisparenalpianista - febrero 7, 2010

Preguntarse sin parar.

5. Leyre - febrero 7, 2010

Así es, tan triste taaaaan triste que a veces no dan ganas ni de preguntar el porqué.

6. Miguel - febrero 7, 2010

No sé preguntarse sin parar ayuda, pero escribirlo y leerlo sí.

7. Jesu - febrero 8, 2010

Un navarro me enseñó un refrán: “no preguntes por saber, que el tiempo te lo dirá, que no hay cosa más bonita que el saber sin preguntar”.

Este tránsito nuestro por los días no es más que el del camino hacia la verdadera Casa, la que dice Macca.

Un abrazo caminante, Marta. :)

8. Juanluís - febrero 8, 2010

Hay experiencias que del primer golpe nos dejan noqueados, tendidos sobre la lona. Y sabemos que no nos vamos a levantar por nuestros -escasos- medios -humanos-.

Menos mal que siempre tendremos una mano tendida, presta para ponernos en pie.

9. futblo - febrero 8, 2010

Impresionantes tres días…

10. J. - febrero 9, 2010

Y buscar un gramo de oxígeno para respirar

11. nestor - febrero 15, 2010

Después del porqué, a menudo viene el hacia dónde… Y es una pregunta más difícil de responder.
Un beso.

12. Libros Gratis - febrero 19, 2010

Coincido con casi todos por aquí, nos resulta imposible responder ciertas preguntas que solemos plantearnos…

Saludos,
Marcelo Ferrando


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