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Con billete de vuelta abril 9, 2010

Posted by Marta in Huidas, escapadas y otras cobardías, Letras con nombre propio.
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“Ha averiguado el nombre que le ha correspondido
y se define ausente, exiliada del sueño,
emigrante, perpleja, desgajada,
sin billete de vuelta.
Se declara sin fuerzas
y pide con vergüenza un poco de ternura.
Que le devuelvan, por favor, el mar”.

Elsa López, ‘Penumbra’ (1985)

I.- Lejos de la ciudad, arriba del monte, más cerca del Cielo y lejos del suelo, no se escucha el ruido de motores, bocinas, máquinas ni teléfonos  inclementes. A cambio: el viento, las ovejas de Lolo, algún gallo mañanero -ya no quedan muchos, igual que ocurre con los burros-, las vacas de Marina… Y mucho silencio. Nada más.

Así, en silencio, uno puede mirar dentro de sí con calma y poner en orden lo que la rutina ha alborotado. Se sacan conclusiones. Cierto, algunas no son agradables: caer en la cuenta de lo que no se ha hecho bien, por ejemplo. Pero también se descubren cosas positivas, se trata de tomar decisiones correctas y buenos propósitos para mejorar. Por algún lado hay que recomenzar, pienso. Eso es comprar un billete de vuelta que ayuda a conciliar el sueño, regresar a casa con paz y reunir valor para continuar un día más, uno detrás de otro.

II.- En bajamar, el agua está a más de quinientos metros de las dunas. Sol templado envuelto en neblina, un caramelo amarillo en papel celofán. Brisa suave que susurra al oído. Mirando al frente, sólo azul: cielomar. Resolución. Primero, pasos lentos pero decididos hacia la orilla. Y poco después, un leve trote cada vez más ligero, que se convierte en carrera. Carrera que no se detiene hasta que el agua y las olas, con un efectivo placaje, abrazan el cuerpo y lo derriban.

A doce grados recuperé las fuerzas. Doce grados me devolvieron el mar, sumergida en ese agua helada, con la sal picándome en los ojos y el frío penetrándome la piel. Hacía años que no lo recuperaba tan pronto, tan… a tiempo.

Al salir, me esperaba con la toalla en la mano. No era necesario, sonreí, porque pensaba correr de vuelta hasta la arena seca. Los paseantes, abrigados, nos observaban sorprendidos y algunos se reían de semejante locura.

Le miré, adivinó el reto en mis ojos y, de nuevo, una carrera hasta llegar a donde nos esperaban los demás. Me dejó atrás muy rápido aunque no apretó todo lo que podía para que la diferencia no me pareciera inalcanzable.

Terminé sin resuello, con el corazón acelerado, después del baño gélido, del esfuerzo y las carcajadas.

III.- Esa noche soplaba viento del este, rolando a norte. Silbaba con fuerza entre las ramas del sauce, del tilo, del castaño de indias, del roble centenario, al otro lado del seto. Y dentro de casa, se le oía volar sobre el agujero de la chimenea. La leña casi consumida crepitaba con suavidad, el rescoldo de las brasas se hacía uno más entre la buena compañía. Fuera, bajaba la temperatura; se estaba francamente bien en el sofá o en la alfombra del salón.

Ya no lucían las estrellas de las noches anteriores.

A la mañana siguiente amanecería lloviendo con fuerza, el cielo plomizo, el horizonte devorado por las nubes negras. Pero con algunos deberes bien hechos. Entre ellos, mi billete de vuelta.

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Comentarios»

1. Chema.- - abril 9, 2010

¡Mi abuelo aún tiene un (una) burro (burra)! Una vez fui un John Wayne en miniatura, o quizá un Sancho Panza, ya no lo recuerdo… Bonito texto, ¡muy bonito! (tendrías que escribir sobre La Alberca ;)

2. Futblo - abril 9, 2010

dos días seguidos con entrada…

Ay que mi querida Marta va a volver a ser regular en sus publicaciones…

Me encantó el texto

3. Marta - abril 9, 2010

– Más quisiera, Futblo. Pero de veras que se intenta ;) Y ¡gracias!

– Para eso, primero tendría que ir a conocerlo o… como mínimo, ver unas fotos que un día me prometieron y aún no sé dónde están, tururúúú :P
Creo que lo de Sancho Panza es más… “castizo” pero Chema, la verdad, así entre nos, lo que de verdad mola es John Wayne ;)

4. Nodisparenalpianista - abril 9, 2010

No, si al final nos va a gustar el agua hasta a los escépticos. El agua salada, digo, que sólo me falt ganarme la fama de jipipulgoso… Nos malacostumbras, como apunta FutBlo, y luego andamos por aquí esperando tu lluvia de letras como agua de mayo.

5. Miguel - abril 9, 2010

Preciosa boda con la naturaleza.

6. Juanluís - abril 10, 2010

Las autoridades sanitarias recomiendan encarecidamente bañarse en el Cantábrico: despeja la mente y despierta los sentidos ;)

7. Maria Jesus - abril 13, 2010

Un texto muy bonito.

Bañarse en el Cantábrico es equiparable a bañarse en el Estrecho, el frío congela las neuronas y las mantiene jovenes


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