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No me gusta ese señor abril 29, 2010

Posted by Marta in Saco sin fondo.
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No me gusta ese señor. Me di cuenta el día que le vi entrar en aquella reunión espantosa en la que se encargaría de despedazar mi proyecto. Ninguno de los presentes dijo nada a mi favor pese a que lo habían aprobado previamente; se limitaron a asentir como el perro ‘cuelliflojo’ que viaja en la bandeja trasera de un coche. Sin embargo, aquel hombre sólo me demostró su debilidad: estaba molesto por no haber tenido la sencilla idea que tuve yo y lo único que se le ocurrió fue hacer trizas horas y horas de trabajo, con mucha elegancia, palabras solemnes y palmada en la espalda.


No me gusta ese señor porque, tras su aspecto de persona mayor y respetable, abogado honorable y hombre de bien, se agazapa un tramposo, sibilino y marrullero, arribista y trepa. Tiene una voz suave, quebradiza; una sonrisa hipócrita con la que simula transmitir condescendencia al mismo tiempo que muestra su pretenciosa superioridad. Camina encorvado -exageradamente, apostaría-, como si le doblegara el peso de los años y el de las responsabilidades. Sobre todo el de las responsabilidades porque, a los ojos ajenos, es algo que se valora mucho: “el peso de la responsabilidad”.


Pide ayuda para ponerse el abrigo. Parece que le cuesta moverse. Camina despacio; se sienta y se levanta de la silla con esfuerzo -fingido, me la juego-. No es tan mayor como aparenta. Habla un francés perfecto, cosa que no tendría nada de particular si no fuera porque, en cuanto se le presenta la ocasión, lo demuestra ostentosamente. El resto del mundo es tan inferior… Y mientras pisotea a cualquiera, hace como que hace francos esfuerzos para que los demás no se sientan cohibidos ante semejante personalidad arrolladora: sabia, exitosa, magnánima… feliz.


Lo gracioso de todo esto, si tiene algo de gracioso -porque más bien resulta patético-, es que si me abstraigo de la escena y la contemplo como si no estuviera presente en ese lugar ni cerca del personaje, lo único que veo es a un pobre histrión envejecido y vanidoso que se aferra con desesperación a lo que fue un día y también  a lo que no pudo ser: le respetan por tener influencias, aunque cada vez menos: menos influencias, menos respeto. Por eso se refleja en su mirada el pánico a perder respaldo y el aplauso al que ha acostumbrado a sus oídos a lo largo de los años.


Si le miro, no veo más que una cara de cera que vive una vida de ficción; un cuerpo que interpreta un papel de farsante y charlatán; una fachada de corcho que esconde una vaciedad terrible; un monigote de trapo… Y esto es probablemente lo que le hace más desgraciado: a determinada edad, supongo, la perspectiva con la que se mira el camino recorrido ha de ser bien distinta a la mía y, cuando uno siente que lo que le queda por delante es, con seguridad, tantísimo menos que lo que tiene por delante, las oportunidades perdidas han de venirse a la mente como una especie de martillo de Thor.


Pero me temo que el orgullo no le permitirá bajarse del pedestal. Y la figura caerá desde ahí arriba, rompiéndose en mil pedazos, dejando al descubierto lo que lleva dentro: nada. Nada salvo un francés perfecto.


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Comentarios»

1. AnaCó - abril 29, 2010

Pufff!!!! menudo personaje nos propones! Abrazo Castri y ánimo!

2. mòmo - abril 29, 2010

Creo que nunca te había visto soltar tanto veneno…

3. Marc Roig Tió - abril 29, 2010

Esto es mejor que el mejor de los puñetazos. Qué arte y sin decir una palabra en francés. Aplaudo.

4. J. - abril 30, 2010

Me recuerda a esa vieja canción de Sabina…

Cuervo ingenuo no fumar
La pipa de la paz con tú,
¡Por Manitú!
¡Por Manitú!

5. Nodisparenalpianista - mayo 1, 2010

A mi tampoco.

6. leyre - mayo 1, 2010

Uffff…gran bola de soledad. Lo peor de todo es que siendo así ocupan un lugar, una influencia, un poder. Injusticias.Deberían de ocuparlo quienes juegan limpio y respetan. En fin, que cosas.

Un beso bilbutxi.

7. dulcinea - mayo 1, 2010

Seguramente tu trabajo le puso en evidencia. Lo bueno de esta historia es que ya has visto que él juega con cartas marcadas.

8. maria - mayo 5, 2010

esque hasta cuando insultas, lo haces estupendamente….

Animo, y… moraleja, que aunque no hablemos francés perfecto, todos somos susceptibles de volvernos algún día asi…

9. PolloMoyo - mayo 5, 2010

¿Esto es lo que pasa cuando te critican un proyecto? Jajajajaja…

En serio. Eres generosa…, una persona así no se merece ni estas líneas que le has regalado.

Supongo que es difícil bajar de cualquier pedestal, pero no justifica esa maldad, ese afán por culpar y maltratar a los demás.

Felicidades por tu proyecto. Estoy seguro de que no sólo tú te diste cuenta y que, aunque callaron prudente o cobardemente, son conscientes de tu capacidad.

Mucho ánimo y sigue haciéndolo bien. No podrán pararte.

10. Néstor - mayo 7, 2010

Ay, y que el mundo esté repleto de estos cretinos…
Dale duro y sin piedad.
No, a mi tampoco me gusta.

11. B - mayo 8, 2010

El gran desastre que soy ha hecho que no me haya dado cuenta de que hace tiempo que aterrizaste por mi blog. No te conozco pero me he dado cuenta de que probablemente nos hayamos cruzado por la universidad. Me gusta lo que escribes y me gusta mucho Quique. Sí, me gustas.

12. Enrique Monasterio - mayo 21, 2010

¡Pobre señor! No lo maltrates tanto. Necesita sentirse admirado por algo ya que le resulta imposible hacerse querer. ¡Está tan contento con su francés perfecto…!
El próximo día ayúdale a ponerse el abrigo; sonríele y llámale “abuelo”. Ya verás la cara que pone.


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