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Cosas que hacer el domingo por la tarde junio 27, 2010

Posted by Marta in Saco sin fondo.
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– Podemos jugar al futbolín. – Pierde esa copa, por favor, sólo para que pueda invitarte a otra. – Hasta pronto. – Hablaremos a diario ¿me lo prometes? – ¿Puedo ir de visita este fin de semana? -Mirando al mar. – Llévame a tu lugar favorito. – Cuando vengas a Madrid. – Hoy no voy a aguantarme las ganas de besarte. -Contigo. Sin ti, yo solo, no sé. – Lo siento, no puedo con demasiada distancia. – Mi chica de provincia, linda flor. – Esos ojos. Y tu pelo. -Es divertido sorprenderte. – Nos queda tanto por vivir. -Quizá estar lejos nos venga bien. – Te quiero, me quieres, aunque sea distinto. – Voy a mudarme, me marcho de casa de mis padres.  – Se me ha complicado tanto la vida. – Siempre estoy bien a tu lado, por qué las cosas no pueden ser más sencillas. Tal vez lo sean y nosotros las enredamos. – Voy a echarte de menos, lo sabes ¿verdad?


Cuando abrió los ojos, le costó darse cuenta dónde estaba. Miró al techo. Marcas de humedad en una esquina y, en el centro, la lámpara araña de la bisabuela.

El sofá del cuarto de juegos tiene los muelles destrozados. Dos generaciones por lo menos habrán saltado tardes enteras sobre sus almohadones. Pero es cómodo, se amolda al cuerpo que se tumba sobre él, como si lo abrazara.


No recordaba qué había soñado pero tuvo la curiosa sensación de que la costumbre de hacer listas para no olvidar nada empezaba a extrapolarse peligrosamente incluso hasta los rincones más escondidos de su cabeza.


Quizá la costumbre se estaba convirtiendo en manía. Y las manías hay que quitarlas.


Seguía cansada. Le pesaban los párpados y se le iba cerrando poco a poco, pese a la resistencia que trataba de imponerles.


– No pienso contarte a dónde vamos, lo verás cuando lleguemos y te encantará. – Hace un calor de muerte, ¿cómo es posible que tengas frío? – Me gustas tanto. – No dejo de darle vueltas y, sin embargo, no lo veo claro. – Si te agarro de la cintura, pones tu mano sobre la mía porque temes que vaya a hacerte cosquillas. -Soy tímido, aunque no me creas. – Nada como tu sonrisa. – Tengo muchos planes con los amigos; mejor, tal vez, quizá en otro momento. – Es asombrosa tu capacidad para estar pendiente de todo. De mí. – Si eso, ya te pego un toque. – Podemos bailar un rato: tú me llevas, yo no tengo ni idea. – ¿Me das un último abrazo de despedida? No, el último no. Uno más y sin decir adiós; sólo hasta cuando… tú quieras.


Al despertar, se frotó la cara. Estaba húmeda. ¿Es posible llorar durmiendo? Se puso de pie, estirándose como un oso que sale de su cueva después de un largo invierno. Buscó un pañuelo en los bolsillos del vaquero para secarse los ojos pero sólo encontró un papel perfectamente doblado. Lo desplegó.


“Cosas que hacer el domingo por la tarde”.


Y empezó por la primera.


– Nada como tu sonrisa.

21-VI junio 21, 2010

Posted by Marta in Saco sin fondo.
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Veintiuno de junio. El día más largo del año, dicen.


Pienso que es curioso poder saber cuál es, de todos los días, el más largo. Lo publican en los periódicos; es la coletilla introductoria de los telediarios. Los niños de primaria, que han estudiado la rotación y la traslación de la tierra, lo repiten y lo repiten estrenando su sabiduría, recién adquirida a lo largo del curso.


El día más largo. Supongo que el dato es irrelevante porque no cambia nada. Reproduzco milimétricamente todos los pasos de mi rutina. Me levanto a la misma hora, trabajo igual que cualquier otro día supuestamente más corto, salgo tarde de la oficina, pongo orden en casa porque es la mejor manera de aparentar que también hay orden dentro de mí. Ceno, leo y las horas siguientes, hasta el próximo amanecer, serán de sesenta minutos con sus tres mil seiscientos segundos.


El día más largo. No me mueve un pelo. Lo que ocurre es que su consecuencia directa es que esté por llegar la noche más corta. Quizá sea ésa la única ventaja: menos oscuridad por un día, aunque resulte inapreciable la diferencia con la de ayer, por ejemplo.


A partir de hoy, el sol irá abreviando tímidamente sus horas de brillo dejando a la noche más espacio para extender su sombra. Las de luna serán menos negras, las de estrellas podré contarlas. Pero todas y cada una irán aumentando hasta que alcancemos el día más corto del año que, en unos meses, me ofrecerá su noche más larga.


Sin embargo hoy, cuando todo el mundo habla del día más largo del año, me consuelo pensando que es la noche más corta. Que estaré un par de minutos menos tirada en la cama con los ojos clavados en el techo o arrebujada en el sofá con un libro esperando en vano al sueño. Que restaré unos metros de paseo por la casa dormida, silenciosa.


Esta noche dejaré de dedicarte unos segundos de los habituales. Y me sentiré orgullosa aunque no sea mi mérito. Cualquier viaje al pasado será más breve y también más agradable que escueza un poco menos. No habrá tanto tiempo para intentar armar los puzzles de una realidad resquebrajada.


Esta noche, los fantasmas terminarán antes su jornada laboral y quizá no les dé tiempo a infundirme los miedos y temores de las demás; las sábanas no tendrán que soportarme tanto y la ventana y la terraza me enseñarán lo de siempre, dejando caer el telón de la sesión nocturna un instante antes.


Ni siquiera será apreciable, seguro y esto, una verdadera estupidez. Pero me basta con saber que, para variar un poco, voy a no dormir la noche más corta del año aunque, al alba, habrá acabado todo y no se volverá a repetir en trescientas sesenta y cuatro noches más.


Aclaración junio 7, 2010

Posted by Marta in Script-Girl.
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Siempre imagino que, desde que se prohibió fumar en los lugares de trabajo, la productividad general ha tenido que descender escandalosamente. No hay más que fijarse en los portales de los edificios de oficinas, bloqueados por una barricada de gente que enciende el pitillo de turno con mucha calma y le va dando caladas lentamente mientras comenta con los demás alguna de las últimas jugadas del jefe, del socio, de la secretaria…


El otro día, camino del trabajo, después de comer, pasé por delante de uno de esos portales. Dos chicas y un chico compartían cajetilla y mechero.


Una de ellas fumaba con cierta ansiedad mientras tecleaba nerviosamente en el móvil, haciendo grandes aspavientos y caso omiso a sus compañeros. Mientras tanto, la otra trataba de convencer a su amigo de lo maravilloso de su último descubrimiento:


¡No te imaginas lo que es el cine en 3D! Una… una verdadera pasada… No hay palabras para describirlo…



Una pa-sa-da… -casi en éxtasis-. ¡Alucinante, tío, nunca había visto nada igual! Es… es… mágico. Lo que te ocurre es que tienes prejuicios y claro… así… no hay manera


Pfff…


Ella se quedó pensativa unos segundos, de brazos cruzados mientras, en silencio, hablaba consigo misma.


Es que… de verdad, en serio, te prometo que ni te imaginas lo que es estar en el cine viendo en 3D, macho


Te recuerdo, mona, por si no te has dado cuenta, que estás viendo en 3D per-ma-nen-te-men-te


Tiró el pitillo y entró en la oficina, dejando a sus dos colegas enfrascadas, cada cual, en su peculiar asunto.


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