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Menores septiembre 29, 2010

Posted by Marta in La toga como disfraz.
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Después de la negociación previa al juicio, la abogado del menor salió de la sala por indicación del juez, para trasladar al chaval la propuesta de la Fiscal. Me pidió que le acompañara: al fin y al cabo, yo acudía en representación de la institución tutelar del muchacho que iba a apoquinar la pasta por su responsabilidad civil. Porque el “crío”, insolvente y a punto de caramelo de los 17 abriles, había dado un par de zurriagazos a una china, repartidora de comida china, para mangarle la moto y jugar “un rato”: derrapar por aquí, una carrera por allá… y terminó estozolado contra una farola, con el ciclomotor deshecho en mil piezas y el kubak con gambas y el cerdo agridulce desparramados sobre la acera.


Era el tercer señalamiento de la misma vista, suspendida en dos ocasiones por incomparecencia de la china -correctamente citada-. Esta vez, meses después de la agresión, Su Señoría acordó la celebración del juicio: nadie pudo dar con la mujer a pesar de las búsquedas policiales y, la verdad, los llamamientos en los estrados del Juzgado nunca sirven para nada. La pobre no se enteró o no quiso enterarse o no hubo forma de que se enterara y no reclamó personalmente por los daños y las lesiones que, tontamente, habrían formado una lista hermosa: imagino que un par de vistosos moratones, alguna contusión, la baja laboral, el coste del ciclomotor, la comida que se perdió, la imposibilidad de hacer repartos en una serie de días por lesiones y por falta de medio de transporte…


No recuerdo exactamente cuantísimos meses de libertad vigilada pedía la Fiscal al principio pero terminó ofreciendo, para el lumbreras, una pena ridícula; tanto, que su abogado no se lo podía creer. Pero es que, a diferencia de los juicios de primera hora, cuando aquélla se muestra implacable, cerca del mediodía, parece que está de rebajas.


Fulanito, no te vas a creer lo que me ha propuesto la Fiscal, de acuerdo con el equipo psicosocial. Es… buenísimo… increíble. Mira, en lugar de “cuantísimos meses de libertad vigilada”, ofrece unos días de trabajo en beneficio de la comunidad.


¡Chst, chst, chst, ey-ey-ey! Paaaaara, paraaaaa el carro, tronca… ¿Trabajo dices? Habrá que ver cuánto ¿no? porque, vaya, colega, igual no es tan molona la mierda ésa que dices y me agarro a la jodienda de la libertad vigilada.


Eran cincuenta días de trabajos: por el canto de un duro, por el canto de cinco céntimos de euro, y por no mover un dedo a favor de la “comunidad” que le sostiene mientras hace sus fechorías, estuvo muy a punto de optar por estrechar su margen de libertad. Supongo que para seguir dando por saco, en lugar de echar un cable en alguna parte e imagino que también para fastidiar lo más posible y evitar que los rufianes de sus colegas fueran a visitarle y a reírse cuando estuviera limpiando una fuente del parque, acompañando a algún anciano u ordenando libros en la biblioteca pública.


Hubo sentencia de conformidad.


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Pensando septiembre 23, 2010

Posted by Marta in La vida misma.
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Me tocó en el entrecejo con la punta del dedo índice.


¿En qué andarás pensando?


Tenía el ceño fruncido. Siempre que tengo el ceño fruncido coloca su dedo índice entre mis cejas.


No te arrugues – suele decirme.


¿En qué andarás pensando?


Supongo que, como tantas otras veces, le contesté:


En nada importante – o algo parecido.


Es probable que le mintiera aunque también puede que le dijera la verdad. Pero nunca lo sabré porque, por más que lo intento, lo único que consigo recordar es que, aquel día, resultó un día francamente feliz.


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