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Lluvioso en la bemol menor noviembre 23, 2010

Posted by Marta in Saco sin fondo.
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Discurre el día con pocos grados y mucha lluvia, despacio entre las calles, los atascos y los ejércitos de paraguas. Paraguas lisos, de colores, a motas, rayados, rotos o nuevos, todos abiertos, tomando las aceras, tapando el cielo y ralentizando el paso de la prisa.


Las horas a cámara lenta mientras pasean sus ojos, el pensamiento, la desgana y, en fin, los sentidos, del ordenador a la ventana, de la ventana a la nada, de la nada a los papeles y de estos, al ordenador. Después de un rato, vuelve a concentrarse en el trabajo pero el logro apenas se sostiene unos pocos minutos.


La lluvia en el cristal, el repiqueteo del granizo o el viento silbando; la fotocopiadora repitiendo mecánicamente su ruidosa labor, el pitido del fax, los teléfonos. El recuerdo de un bonito día, de aquella canción estúpida, de momentos de calma y sosiego. Y el corazón, latiendo al mismo ritmo del día que ambos, de tan lentos, parece se fueran a parar. Grises, melancólicos… mohínos.


Viaja, por su cabeza, hasta una dimensión paralela. Desde allí, trata de observarse inmersa en la realidad, contemplándose desde el espacio sideral, para averiguar cómo luce -sin necesidad de espejo- su cara seria, los párpados levemente hinchados y las ojeras marcadas, la expresión rígida y la mirada de luz fundida.


Y hace repaso de los días anteriores cuando aún soplaba atolondrado un aire templado que izaba el mercurio de los termómetros y provocaba el revoloteo de mil hojas doradas, dejándolas -como al confeti- suspendidas en el aire. Los colores eran vivos, la temperatura agradable y la gente parecía contenta. Nada que ver con esta mañana casi tenebrosa, gélida, empapada, inclemente. Con el alma tiritando, de frío y de miedo, de nostalgia y de pena.


Sólo por un momento, cuando alguien llama a la puerta, una sonrisa asoma a sus labios. Acude a abrir mientras aquélla se torna en una mueca de desencanto, no porque la visita le moleste sino porque no es quien esperaba. Y así, esperando y sabiendo que nadie más vendrá, deja que continúe pasando el día, de cuerpo presente y mente ausente.


Tal vez mañana sea diferente. O no. A saber. Y hasta cuándo podrá aguantar…

[ Gracias, Macca… ]


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Comentarios»

1. B - noviembre 23, 2010

Aquí hace sol pero mientras te leía me ha dado la sensación de que todo se tornaba gris, que me quedaba sin calefacción en casa, y que no encontraba mi manta. Cómo me gustan tus descripciones, cómo me gustan.

(Me hubiera encantado verte reir en el metro)

2. Nodisparenalpianista - noviembre 23, 2010

Qué distintos los días anteriores, y qué pobre el alma tiritando…

3. Macca - noviembre 23, 2010

Ya ves. Ummm…

4. Néstor - noviembre 24, 2010

Los días fríos, lentos y melancólicos se pasan mejor en esas dimensiones paralelas.

5. Sollastre - noviembre 26, 2010

Creo que ahora podrás enterarte…


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