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Shock junio 30, 2008

Posted by Marta in Saco sin fondo.
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Estar de copas y descubrir, entre la gente del bar, a un profesor de la universidad al que no veía desde que terminé la carrera.

 

Acostumbrada a su indumentaria de chaqueta y corbata, me lo encuentro en vaqueros y camiseta.

 

Que si me acerco y le saludo o me quedo, no digo nada y pasando.

 

Vale, voy. Oye, pero casi mejor… sujétame el mojito, que no es plan. Y hazme el favor de no bebértelo mientras tanto.

 

De tú o de usted. Vaya lío. Pues al final, una mezcla de los dos, qué vergüenza.

 

-Hola. -Hola. -Que si se acuerda de mí… -Pues tu cara me suena un montón. -Sí, del curso de… -¡Ah, sí! ¿Y qué tal estás? -Bien, ¿y tú? (¡glup!) -Muy bien, gracias. -¿Cómo te va, a qué te dedicas? Y bla, bla, bla… -Que me alegro mucho de verte. -Lo mismo digo. -Hasta pronto, espero; a ver si vienes de visita. -Sí, hasta pronto.

  

Vuelvo a mi sitio. Juraría que el mojito ha bajado aunque me asegura que no. Lo apuro. -¿Y si pedimos otro? -Va, pedimos otro.

  

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Esa noche junio 25, 2008

Posted by Marta in Saco sin fondo.
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Salió a caminar por el barrio a última hora del día, aprovechando que el cielo se había encapotado y amenazaba lluvia. Quizá refresque un poco, por fin.

 

El teléfono móvil atrapado en una mano. El otro puño también cerrado. Llamo o no. Ya no sé. Se le aceleraba la respiración, el pulso y el paso. Marcó el número varias veces. Lo borró. Marcó una más. Finalmente, esperó.

 

A unos cuantos kilómetros de la ciudad, alguien le respondía. Recuperó el aliento. Y la sonrisa.

 

Continuó callejeando con la conversación al otro lado. Miró hacia arriba. Unas gotas le mojaron la frente. Empezaba a llover. Serenamente.

 

La boca del metro engullía decenas de chavales que corrían al tren para llegar a tiempo a la playa. Algunos con los apuntes de un curso ya caducado, bajo el brazo, dispuestos a romper con el año, a quemarlo, y a estrenar el verano. A estallarlo.

 

La noche de San Juan. Misteriosa noche. Cuando quería ser mayor pero no lo era.

 

Y les miraba con envidia, apretando el paso, nerviosos, hacia el andén.

 

Deseaba no haber crecido. No tanto. No tan rápido. No así, al menos. No así.

 

Recordó el fuego crepitando con fuerza. El papel ardiendo sin remedio: las matemáticas, la física, la química. Los exámenes olvidados. La alegría brotando en los labios. La despreocupación. Los saltos de las piras. Casi sin resuello. Una y otra vez.

  

Y cuando las hogueras se consumían y apenas quedaban unas pocas llamas, se sentaban alrededor, apretujándose, buscando el abrazo de la noche; de quien estuviera al lado, quizá.

 

El ruido del mar, acompasado, les hacía compañía. Serenamente.

 

Y al día siguiente, los mayores hacían preguntas. Demasiadas. Innecesarias todas.

  

Elementos junio 24, 2008

Posted by Marta in Saco sin fondo.
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– ¿Sabes? Pensaba que eras de hielo

 

– ¿Yo? ¿De hielo?

 

– Sí, ya sabes… de hielo. Gélida…

 

– Pero… ya… no lo piensas más…

 

– No. Ya no…

 

– ¿Y… eso?

 

– Porque el hielo, antes o después, se derrite. Con el calor. Pero tú… Concluí que debes de ser de algún material más frío y más duro… Incluso bajé al trastero a revolver entre las cajas de cuadernos de la E.G.B. Y repasé la tabla periódica de los elementos. Pero no existe nada con lo que compararte. Si acaso una piedra selenita. O de Plutón.

 

– ¿Te has dado cuenta de que estás diciendo un montón de chorradas que no me interesan un carajo y que ahora mismo me largo de aquí porque no me dejas leer tranquila? Y pienso olvidarte nada más cruzar esa puerta

 

– ¡Ja! Ni lo intentes.

  

– ¿Qué?

  

– Que ni te molestes en intentarlo. Porque no lo vas a conseguir…

  

Juicio junio 18, 2008

Posted by Marta in La toga como disfraz.
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– Se declara abierta la vista correspondiente al juicio verbal número…

  

  

  

Y veinte minutos después:

  

  

 

– Visto para sentencia

  

   

   

¿En medio? La nada. 

Y en la foto, el letrado contrario. 

  

 

   

¿Servidora? En su panza.

De un solo bocado y sin masticar. Ñec.

  

Intemporal junio 16, 2008

Posted by Marta in Jukebox.
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Aquel junio llegó tarde. Pero llegó cuando el calendario fingía haberse detenido para siempre entre el final de mayo y algún momento irreal al margen de los días.

 

Llegó junio con el viento norte soplando de cara. Con mar de fondo. Llegó con largas tardes de sol poniente, pintando el cielo de colores imposibles. Con libros de páginas viejas. Junio tardío y perezoso: parecía que no acabaría nunca y sin embargo, se terminó demasiado pronto.

 

Se terminó, abriendo una brecha profunda, y el verano fue frío y lluvioso. Muy frío para ser verano, mucho incluso para haber sido invierno. Los días se mezclaban con otros días, con las noches, con las fiestas, con las ausencias. Todo sonaba igual, masa uniforme de tiempo, lugar y compañía.

 

Pero, en algún instante inidentificable, como si hubiera estallado en mil pedazos la campana de cristal de un reloj de arena que se desparrama, el tiempo volvió a ser tiempo; los colores, a brillar con matices y texturas y el zumbido, constante y monótono, recuperó el infinito abanico de ruidos, susurros y secretos.

 

 

– ¿Y… qué significa todo eso?

– Nada

– ¿Nada? Vamos, nunca cuentas algo que no signifique nada

– Nada. Nada más que lo que significa 

– ¿Sabes? A veces no te entiendo

– No te preocupes… La mayoría de las veces, ni siquiera yo consigo entenderme

  

  

  

  

  

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