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Sitios fuera del mundo noviembre 11, 2010

Posted by Marta in Letras con nombre propio.
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“… de mi desocupación del espacio, creación de espacios vacíos; de huecos vacíos vaciar la ciudad para ver el cielo, concavidad de agujeros, sitios fuera del mundo…”.

 

(Jorge Oteiza)


 

Variante Ovoide de la Desocupación de la Esfera, 1958.

7.85 metros de altura, 20 toneladas de peso. Bilbao.


[ Para el Pianista, que NO le gusta Oteiza ;)

y también porque, aunque ya no le organizo bulla en el ‘Saloon’, sigue al pie del teclado y yo se lo agradezco mucho ]


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Cómo entrar abril 13, 2010

Posted by Marta in La vida misma, Letras con nombre propio.
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“Di la verdad.
Di, al menos, tu verdad.
Y después
deja que cualquier cosa ocurra:
que te rompan la página querida,
que te tumben a pedradas la puerta…”
.


Heberto Padilla, ‘Fuera de juego’, 1968


El silencio: su escudo. La coraza, la muralla que custodia un mundo impenetrable.
Hasta que alguien encuentra la llave auténtica.


Ni palabras dulces que empalagan ni gestos cómplices compartidos con tantas otras;
ni trucos absurdos ni flores frescas;
ni favores de compromiso ni regalos porque sí.


Sólo una llave abre
la puerta de ese universo.


La llave:


la verdad.


Sencilla. Pura y dura.


Con billete de vuelta abril 9, 2010

Posted by Marta in Huidas, escapadas y otras cobardías, Letras con nombre propio.
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“Ha averiguado el nombre que le ha correspondido
y se define ausente, exiliada del sueño,
emigrante, perpleja, desgajada,
sin billete de vuelta.
Se declara sin fuerzas
y pide con vergüenza un poco de ternura.
Que le devuelvan, por favor, el mar”.

Elsa López, ‘Penumbra’ (1985)

I.- Lejos de la ciudad, arriba del monte, más cerca del Cielo y lejos del suelo, no se escucha el ruido de motores, bocinas, máquinas ni teléfonos  inclementes. A cambio: el viento, las ovejas de Lolo, algún gallo mañanero -ya no quedan muchos, igual que ocurre con los burros-, las vacas de Marina… Y mucho silencio. Nada más.

Así, en silencio, uno puede mirar dentro de sí con calma y poner en orden lo que la rutina ha alborotado. Se sacan conclusiones. Cierto, algunas no son agradables: caer en la cuenta de lo que no se ha hecho bien, por ejemplo. Pero también se descubren cosas positivas, se trata de tomar decisiones correctas y buenos propósitos para mejorar. Por algún lado hay que recomenzar, pienso. Eso es comprar un billete de vuelta que ayuda a conciliar el sueño, regresar a casa con paz y reunir valor para continuar un día más, uno detrás de otro.

II.- En bajamar, el agua está a más de quinientos metros de las dunas. Sol templado envuelto en neblina, un caramelo amarillo en papel celofán. Brisa suave que susurra al oído. Mirando al frente, sólo azul: cielomar. Resolución. Primero, pasos lentos pero decididos hacia la orilla. Y poco después, un leve trote cada vez más ligero, que se convierte en carrera. Carrera que no se detiene hasta que el agua y las olas, con un efectivo placaje, abrazan el cuerpo y lo derriban.

A doce grados recuperé las fuerzas. Doce grados me devolvieron el mar, sumergida en ese agua helada, con la sal picándome en los ojos y el frío penetrándome la piel. Hacía años que no lo recuperaba tan pronto, tan… a tiempo.

Al salir, me esperaba con la toalla en la mano. No era necesario, sonreí, porque pensaba correr de vuelta hasta la arena seca. Los paseantes, abrigados, nos observaban sorprendidos y algunos se reían de semejante locura.

Le miré, adivinó el reto en mis ojos y, de nuevo, una carrera hasta llegar a donde nos esperaban los demás. Me dejó atrás muy rápido aunque no apretó todo lo que podía para que la diferencia no me pareciera inalcanzable.

Terminé sin resuello, con el corazón acelerado, después del baño gélido, del esfuerzo y las carcajadas.

III.- Esa noche soplaba viento del este, rolando a norte. Silbaba con fuerza entre las ramas del sauce, del tilo, del castaño de indias, del roble centenario, al otro lado del seto. Y dentro de casa, se le oía volar sobre el agujero de la chimenea. La leña casi consumida crepitaba con suavidad, el rescoldo de las brasas se hacía uno más entre la buena compañía. Fuera, bajaba la temperatura; se estaba francamente bien en el sofá o en la alfombra del salón.

Ya no lucían las estrellas de las noches anteriores.

A la mañana siguiente amanecería lloviendo con fuerza, el cielo plomizo, el horizonte devorado por las nubes negras. Pero con algunos deberes bien hechos. Entre ellos, mi billete de vuelta.

Dime / Lo que hace la mar mayo 9, 2009

Posted by Marta in Letras con nombre propio.
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Dime. 

 

Qué sería de ti si te arrancaran de la orilla del mar. Dónde podría descansar tu cuerpo agotado, cómo lograrías recuperar el ritmo pausado de la respiración. Quién cantaría para ti una serenata que es, cada vez, distinta. Cuándo volvería a impregnarse tu piel del sabor de la sal. 

 

Dime.

 

Cómo recuperarían tus ojos el brillo intenso que refleja el agua. El agua verde, el agua azul, el agua negra. Las tormentas y la calma. El sol dejándose hundir en sus profundidades, la luna naciendo de sus entrañas.

 

Quién te abrazaría como las olas te abrazan, con violencia y dulzura al mismo tiempo. Qué rumor, qué viento te arrullaría en sueños.

 

Qué sería de ti si te arrancaran de la orilla del mar.

 

Dime. Qué sería de mí entonces.

 

 

sonabia 

=====

 

 

“(…) ¿Sabes qué es lo más hermoso de aquí? Mira: nosotros caminamos, dejamos todas esas huellas sobre la arena, y ahí se quedan, precisas, ordenadas. Pero mañana, cuando te levantes, al mirar esta enorme playa no habrá ya nada, ni una huella, ni una señal cualquiera, nada. El mar borra por la noche. La marea esconde. Es como si no hubiera pasado nunca nadie. Es como si no hubiéramos existido nunca. Si hay un lugar en el mundo en el que puedes pensar que eres nada, ese lugar está aquí. Ya no es tierra, todavía no es mar. No es vida falsa, no es vida verdadera. Es tiempo. Tiempo que pasa. Y basta.

 

                                                    Podría ser un refugio perfecto. Invisibles para cualquier enemigo. Suspendidos. Blancos como los cuadros de Plasson. Imperceptibles incluso para nosotros mismos. Pero hay algo que agrieta este purgatorio. Y es algo de lo que no puedes escapar. El mar. El mar encanta, el mar mata, conmueve, asusta, también hace reír; a veces desaparece, de vez en cuando se disfraza de lago, o bien construye tempestades, devora naves, regala riquezas, no da respuestas, es sabio, es dulce, es potente, es imprevisible. Pero sobre todo, el mar llama. (…) Es lo único que hace, en el fondo: llamar. No se detiene nunca, te entra dentro, se te echa encima, es a ti a quien quiere. Puedes disimular, no te sirve de nada. Seguirá llamándote. Este mar que estás viendo y todos los otros que no verás, pero que estarán siempre al acecho, pacientes, un paso más allá de tu vida. Los oirás llamar infatigablemente. Sucede en cualquier purgatorio de arena. Sucedería en cualquier paraíso, y en cualquier infierno. Sin explicar nada, sin decirte dónde, habrá siempre un mar que te llamará (…)”.

 

 

 

[ “Océano mar”, Alessandro Baricco

Si hay un libro imprescindible, ése es “Océano, mar”

Imprescindible una, dos, mil veces ]

 

Ese libro mayo 4, 2009

Posted by Marta in Letras con nombre propio.
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Entre todos los libros de todos los estantes, el dedo se detuvo -sin razón aparente- sobre un lomo muy delgado, levemente remetido. Lo saqué de su sitio con curiosidad.

 

Me intrigó la portada. Un motel de carretera alumbrado por una triste farola de luz anaranjada mortecina.

 

El título me tentó. “Si me necesitas, llámame”.

 

No pude evitar comprarlo.

 

“Si me necesitas, llámame”. ¿Quién podría haberse resistido?

 

Fue un día pésimo.

 

Te telefoneé muchas veces. No descolgaste ninguna.

 

Leí el libro por la noche.

 

Y lo devolví a la mañana siguiente.

 

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